Con la Iglesia se ha vuelto a topar

Ciudad de México /

Hacía tiempo que yo no veía a la Iglesia católica en medio de una contienda electoral en México. Y esta vez no se metió: la metieron. Primero fueron las reprimendas de Palacio Nacional a los atemperados reclamos de sacerdotes sobre la violencia criminal que asuela al país y ahora son los viajes al Vaticano de las dos candidatas presidenciales para ver al papa. No sorprende: es la fe de la mayoría de los mexicanos. La cuestión es si ese factor influirá en las elecciones, y en su caso cuánto y a favor de quién.

Tengo claro que nuestra sociedad se ha secularizado, pero eso no significa que el catolicismo sea políticamente irrelevante. Tan es así que un aparente intento oficialista de extender la polarización al ámbito religioso -“conservadurismo” católico versus 4T evangélica- se echó a andar y luego se detuvo, seguramente por cálculos electorales. Aunque el porcentaje de quienes profesamos el catolicismo en México ha disminuido, sigue siendo la religión mayoritaria, y si bien somos cada vez más quienes distinguimos entre lo que es de Dios y lo que es del César, sería ingenuo creer que ya no se entreveran ambos reinos.

Una parte de la jerarquía eclesiástica mexicana -se trata de un grupo bastante plural en términos “ideológicos” y hasta temperamentales- se ha tornado en los últimos meses más combativa frente al gobierno. Un punto de inflexión fue el asesinato de los padres jesuitas en Chihuahua. Esta orden está como de costumbre en el ojo del huracán y por las buenas razones, pues el presidente López Obrador, injustamente, ha arremetido en su contra en torno tanto al terrible episodio chihuahuense como a las posturas en defensa de los derechos humanos del Centro Pro, y ahora Morena está impugnando la participación del Signa Lab del ITESO, universidad jesuita de Guadalajara, en los debates entre candidatos. Pese a que la Compañía de Jesús tiene a menudo roces con la cúpula diocesana, la virulencia mañanera está catalizando el espíritu de cuerpo de las autoridades de la Iglesia en México.

La reacción de AMLO ante la iniciativa de pacificación de los obispos de Guerrero pareciera indicar que ya midió bien las cosas y decidió bajar el tono. Yo creo que no le conviene pelearse con los jesuitas en particular y con los católicos en general de cara a las elecciones, y tengo la impresión de que si ese conflicto entrara a la agenda electoral Xóchitl Gálvez llevaría las de ganar. Desde fines del siglo pasado la clerecía mexicana ha adoptado una actitud conciliadora en su relación con los gobernantes, y el Vaticano siempre hila fino en menesteres diplomáticos, como se notó en la organización de la visita de Claudia Sheinbaum a Francisco, pero la 4T porfía en el anticlericalismo. En fin, ya veremos qué pasa. Los caminos del señor -con minúscula- son inescrutables.

PD: Las movilizaciones en México suelen darse por protestas sociales, no por causas políticas. Las de los últimos meses en defensa del INE y de la Suprema Corte, y la marcha por la democracia que se realizó ayer, son en este sentido tan atípicas como venturosas. Que la ciudadanía salga a la calle en contra de la concentración de poder y a favor de los equilibrios republicanos es un alentador síntoma de salud democrática en un país donde la democracia está aún en pañales​​​​​​.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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