¿Fraude patriótico?

Ciudad de México /

En este espacio he dicho que el presidente López Obrador anhela un pensamiento único. A quienes suponen que exagero, que no llega a ese extremo, les voy a explicar a qué me refiero. La pluralidad ideológica presupone ideologías igualmente legítimas, no una ideología verdadera y otra marginal. En ese contexto, un demócrata acepta la posibilidad de perder elecciones y, por ende, reconoce el derecho de sus adversarios a gobernar. Cierto, todos los políticos pregonan que su proyecto es mejor y algunos, al calor del debate, llegan a decir que su derrota devastaría al país, pero solo los autócratas se asumen poseedores del monopolio del amor a la patria y de la moral misma y sentencian que la victoria opositora implicaría el fin de la nación.

AMLO cree que México está dividido en dos grupos: el suyo, que alberga a cuanto patriota honesto existe, y el de los “conservas” vendepatrias y corruptos. En la segunda categoría mete a empellones a un abigarrado conjunto de conservadores reales, neoliberales y auténticos liberales, socialdemócratas, socialistas descarriados y cualquier otro que se le oponga. En el fondo todos ellos son iguales, proclama, pues los une su condición de apátridas y su corrupción. No pretende desaparecerlos -los necesita para validar su binarismo- pero sí marginarlos. Si bien le perdona la vida al contrincante, lo destina a la impotencia: el que quiera pensar distinto puede hacerlo desde una eterna marginalidad minoritaria. Su triunfo es moralmente imposible, y él no puede permitir lo que la moral proscribe.

Sus críticos pueden manifestarse en el Zócalo, pero sin bandera. Los legisladores que discrepan de su política energética pueden votar en contra, pero con baldón de traidores a la patria. Si algunos colaboradores le renuncian es porque “se cansaron de luchar”, aunque el cansado sea AMLO. A quienes no concuerden con su visión de la mexicanidad -lo positivo de los mexicanos viene de los pueblos originarios, lo negativo de los españoles- no les regatea su prerrogativa de vivir en México, pero los ve como turistas. Vamos, hasta pueden votar: como minoría no estorban, y serán tolerados mientras no puedan sentarse en la silla presidencial ni en las curules que controlan el Congreso. Paraditos se ven más bonitos. No es casualidad que el espectro ideológico de los populistas sea binario: si aceptaran la diversidad y el pluralismo no podrían descalificar al resto de la población. Para ellos, contra el bando bueno no hay más que un bando malo al que pertenecen todos los que se hermanan en su podredumbre opositora.

El pensamiento único, pues, ya no se manifiesta en un gulag. Se plasma en propaganda educativa, en la fortificación de una mayoría instigada diariamente a odiar a la otredad minoritaria, en un discurso oficial maniqueo que le niega legitimidad al disidente de nacionalidad siempre dudosa e inmoralidad incuestionable. No sostiene que su ideología es superior: decreta que su enemigo es inferior identitaria y éticamente y por tanto indigno de gobernar. Por eso exhorto, a quienes duden que AMLO solo respetaría la voluntad mayoritaria el 2 de junio si le resultara favorable, a leer con objetividad sus dichos y sus hechos. Si juzga a la oposición como la antipatria y la venalidad encarnadas, ¿cómo va a dejarla ganar?

  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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