La bandera no se privatiza

Ciudad de México /

El temperamento, el rencor y el cálculo electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador nos dejan un país sobrecalentado. Y lejos de enfriarlo, a fin de cerrar su mandato como estadista, exacerba su manía pendenciera y polarizadora. Así quiere ser recordado, por lo visto: el ángel vengador que partió en dos a la nación.

No permitió, en las concentraciones previas de la “marea rosa” en el Zócalo, que se izara la bandera nacional. Fue una decisión excluyente y discriminatoria, y AMLO la tomó consciente de lo que hacía. La señal que un hombre tan proclive al uso y abuso de los símbolos envió es de sectarismo: quienes no me apoyan no merecen ser cobijados por el lábaro patrio. No son patriotas. Quizá sean mexicanos, por más que le disguste aceptarlo, pero no quieren a México.

Para la manifestación rosa de ayer en la Plaza de la Constitución, acorralado por la opinión pública y por la petición expresa de la candidata de la oposición, aceptó izarla. Ya se habían plantado ahí los maestros de la CNTE y acaso pensó que, con una pequeña ayuda de sus amigos, los opositores no podrían reunirse. Hizo entonces, el jueves, una inusitada declaración conciliadora: la bandera es de todos. Pero el mensaje fue demasiado blando para su gusto y se apuró a corregirlo. El viernes, desde Chiapas, a la expresión “es de todos” le hizo un añadido: “hasta de los traidores a la patria”.

Las palabras pesan. AMLO acusó así a cientos de miles de manifestantes de un delito tipificado, el de traición a la patria, que estaba castigado con pena de muerte. En la más repugnante tradición maniquea, la que niega a sus contrincantes el patriotismo si no es que la mexicanidad misma, les arrojó ese baldón. Y es que AMLO juzga traidor a todo aquel que profesa cualquier cosa que no sea “humanismo mexicano”, esa curiosa mezcla de populismo, militarismo y culto a su personalidad que se le ocurre por las mañanas. Espero que el tema haya sido tratado en el último debate; es importante que sepamos si la candidata oficial comparte esa visión sectaria y ofensiva.

El discurso de odio ha llegado a extremos muy peligrosos. Habrá elecciones en 13 días y después, pase lo que pase, tendremos que seguir conviviendo. AMLO se irá de Palacio pero México y los mexicanos de todas las persuasiones nos quedaremos aquí, lidiando con la crispación que nos lega. No reconoce que todos somos compatriotas, que la bandera es tan suya como nuestra y que discrepar de él no es traicionar a la patria. Emula a Gandhi y a Mandela, a quienes dice admirar, con falsa retórica, y los contradice con su conducta.

Ayer subió, en condiciones adversas, la marea rosa. Contra los pronósticos implícitos del oficialismo, que sentenció que los ciudadanos asistieron engañados a las manifestaciones anteriores, la gente volvió a la calle. Si se habían reunido antes en defensa del INE y de la Corte, en rechazo a las iniciativas de AMLO, era obvio que acabarían apoyando a la candidata que se opone a todo eso. Y sí, pese a múltiples obstáculos, llenaron una vez más la plancha del Zócalo.

Asumir que solo hay una ideología legítima es imponer un pensamiento único. Millones de personas que no pensamos como AMLO tenemos el mismo derecho a sentirnos y sabernos mexicanos. La bandera es de todos. La bandera no se privatiza.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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