La BUAP en los tiempos de Lilia Cedillo

Opinión

Alberto Rueda

Alberto Rueda
Puebla /

Pareciera que atrás quedó aquella mala costumbre de que los rectores de la BUAP utilizaban esa posición como trampolín político y de repente ya eran militantes de un partido y buscaban brincar de la docencia a la política. Y ahí los veíamos como aspirantes o candidatos a presidentes municipales, diputados y hasta soñaron con ser gobernadores.

Pareciera que atrás quedó aquella mala época en que los rectores de la BUAP se enriquecieron a manos llenas, dejando estelas de corrupción, enriquecimientos inexplicables e impunidad.

Pareciera que atrás quedaron aquellos tiempos en que se priorizaba la imagen del rector por encima de la imagen de la universidad misma. Pareciera que atrás quedaron aquellas obras fastuosas y costosas para dar paso a pensar en la gente, en el desarrollo y en la mejora continua de los planes académicos.

Pareciera que atrás quedó el acoso para dar lugar a la cercanía a fin de atender a la comunidad universitaria que requiere de apoyo psico-emocional, becas, una computadora o un incentivo para lograr sus metas académicas.

Pareciera que atrás quedó el patriarcado universitario donde solo los hombres dirigían a la máxima casa de estudios y hoy se da paso a una mujer para dirigir los destinos de la BUAP.

Atrás quedó la confrontación entre el rector y el gobernador en turno. Atrás quedaron los Jean Pandal, los Doger, los Agüera, los Esparza… para dar paso al rectorado de la doctora Lilia Cedillo Ramírez, quien cumple ya su primer año al frente de la BUAP.

No ha sido fácil, sobretodo cuando su antecesor estuvo envuelto en escándalos, señalamientos y una guerra frontal contra el Poder Ejecutivo del estado.

No ha sido fácil si tomamos en cuenta que el inicio del rectorado de Lilia Cedillo se dio en medio nada más de la pandemia.

Menos ha sido fácil cuando se debe demostrar que también una mujer de ciencia, de academia, de investigación puede dirigir la universidad pública mas importante del centro del país. Así, el primer año de la era cedillista queda marcado por un periodo donde se le devuelve a la universidad su vocacion formadora, humanista y social.

El informe en el auditorio del Complejo Cultural Universitario mostró una rectora prudente, ecuánime y centrada en los temas que verdaderamente interesan a la comunidad universitaria y sobre el papel de la universidad misma para beneficio de Puebla y los poblanos.

El reto es que esa sencillez, cercanía y humanidad que caracteriza a Lilia Cedillo, pueda contagiarse a su equipo, sobre todo a su primer círculo.

Por lo pronto, quedan tres años de este primer periodo de rectorado para la doctora Lilia Cedillo. El tiempo será el mejor juez. 

alberto.rueda@multimedios.com

OPINIONES MÁS VISTAS