Campañas y náusea

Ciudad de México /

Si algo no cambia en las campañas son los discursos. Ya habíamos dicho antes que no se trata de que todo político tenga el nivel de André Malraux, Winston Churchill o Reyes Heroles, impensable, pero la multiplicación de estribillos, frases hechas, lugares comunes, dichos, baladronadas y cierres de filas a ciegas han desembocado, como en cada periodo electoral, en un vacío de ideas que mucho deriva en la náusea, la física y la existencial sartreana.

Esta atípica campaña, que ha durado una eternidad, ha sido propicia por esa razón, además, para amplificar el rosario de despropósitos reunidos en unas cuantas expresiones que fueron legadas por el PRI dominante del siglo XX, pulidas y enceradas por el panismo que le acompañó como oposición en aquellos años y restañadas por una izquierda que acabó extraviada y atomizada en más tribus de las que pueden contarse con los dedos de las manos.

¿Quién no sabe a estas alturas que cuando un político o un partido dice que está en “empate técnico” con su adversario en las encuestas es porque va muy abajo y sin mucha oportunidad para emparejar? Peor aún. ¿Quién no sabe que cuando una fuerza asegura que “caballo que alcanza, gana” es porque viene atrasado y ya sin vigor para cerrar? Eterno discurso de perdedor, se replica sin el menor asomo de vergüenza, porque solo eso han oído antes y solo eso les han enseñado sus mayores.

“Este arroz ya se coció”, festejan los que van al frente en las preferencias, frase monumental digna de letras de oro por su originalidad y profundidad, mientras que otros aseguran estar no solo “vivitos y coleando”, sino listos para la victoria, casi como aquel vocero del ejército iraquí que juraba todos los días ante los medios internacionales que estaban a horas de liquidar a los infieles invasores, poco antes de salir huyendo porque ya los gringos habían capturado a Sadam Husein en una coladera.

“¡Declina!”, “Te falta de estatura política”, “Vaya estrechez de miras”, “Eres un pocosgüevos” y otras fórmulas repetidas sin reflexión alguna sobre una población víctima de la náusea, en el sentido físico de la gana de vomitar y en el de la novela de Sartre, de un inmenso vacío existencial. 

  • Alfredo Campos Villeda
  • Director de @Milenio Diario. Autor de #Fusilerías y de los libros #SeptiembreLetal y #VariantesdelCrepúsculo. Lector en cuatro lenguas. / Escribe todos los viernes su columna Fusilerías
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