Infame obrita, la coronación de Delfina

Fusilerías

Alfredo Campos Villeda

Alfredo Campos Villeda
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En el drama, dice Helena Beristáin en su grandioso Diccionario de retórica y poética (Editorial Porrúa, 2013), los actores representan a los personajes y fingen producir espontáneamente sus propias reflexiones cuando, en realidad, solo reproducen las que para ello han sido planeadas con antelación por el escritor.

La política tiene mucho de tales faenas teatrales, pero cada escritor o director mueve a su tropa con estilos diferentes, algunos asumiendo la tarea completa de trama, creación de personajes, diálogos, música, coreografía y escenografía, y unos más limitándose a la tarea de conducir a su compañía bajo una serie de criterios mínimos de arte para la puesta en escena.

El director total que hoy oficia en ese gran teatro de la política nacional exhibió esta semana una obrita de escaso valor, pero que contiene todos los elementos para distinguir las características que hermanan a ambas actividades desde la época de la tragedia griega, teatro y política, aunque se escatime a autores como Sófocles ese filo: la elección de la candidata para competir por el Estado  de México.

Cada actor tomó su papel. Delfina Gómez, la favorita de Palacio Nacional; Higinio Martínez, competidor que se cree merecedor de la nominación, aunque sabe que no será el elegido; Horacio Duarte, antiguo compañero de lucha del monarca, pero sin oportunidad; Mario Delgado, operador de los deseos del monarca, siempre listo a recibir línea; Claudia Sheinbaum, porrista y repetidora de cada parlamento de su líder… Y así, todos toman sus posiciones y arriba el telón.

El jueves se hace oficial lo que todo mundo sabía, pues el libreto estaba a la vista. Delgado anuncia la novedad de quién será la candidata, que Delfina recibe con gran sorpresa, como si de una ganadora del Oscar o de Miss Universo se tratara; Higinio medio patalea, no participa en el acto, pero manda decir a Dios que no se olvide de él; Duarte solo aplaude y Sheinbaum, por supuesto, se congratula por el desenlace de la trama pergeñada por el monarca. Todo muy espontáneo.

No me va a creer usted, amable lector, pero hay gente que aún se llama a sorpresa con el resultado y derrama algunas lágrimas cuando cae el telón.

Alfredo Campos Villeda

@acvilleda

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