"Aventurera" de Juan Osorio

Ciudad de México /

Juan Osorio está haciendo una labor particularmente importante en la historia del espectáculo mexicano: está rescatando las telenovelas y todo lo que gira alrededor de ellas.

Vamos a decirnos la verdad. Entre los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, por diferentes cuestiones políticas y económicas, en un movimiento completamente antinatural, los melodramas seriados pasaron a segundo plano frente a las noticias y las mesas de análisis.

Salvo honrosas excepciones, su prestigio se vino abajo, se dejó de apostar por historias originales y ni hablemos de la creación de nuevas figuras porque entonces sí lloramos.

En sus últimas producciones, el señor Osorio ha luchado por devolverle la dignidad a este negocio, por impulsar nuevos escritores, por darle oportunidad a una nueva generación de actrices y de actores.

El año pasado, por ejemplo, con “El amor invencible”, volvimos a tener ese sabor de “gran telenovela de la noche” y el resultado fue tan bueno que este título, como no sucedía desde los tiempos de Valentín Pimstein, se ha exportado a las plazas más exigentes del mundo como la mismísima Francia.

Lo que está pasando ahora con “El amor no tiene receta” es alucinante porque se trata de una emisión que ha roto con todas las narrativas, que ha tocado temas otrora inimaginables y que con todo y eso, está triunfando aparatosamente.

Ahora, en la cúspide del heroísmo, Juan Osorio acaba de estrenar “Aventurera” en el Salón Los Ángeles de la legendaria colonia Guerrero.

¿Qué está pasando aquí? Algo que no sucedía desde hace muchísimo: teatro telenovelero.

Yo no sé si usted es muy joven, si no le tocó, si ya se le olvidó o qué pero antes, en la primera época de oro de las telenovelas, estos títulos venían acompañados de teatro.

La idea era que usted, motivado por el éxito de su telenovela, además de tener esa satisfacción, fuera a ver a sus estrellas favoritas a los escenarios.

Ese teatro siempre ha sido caro y jamás ha pretendido estar al nivel de lo que vemos en el Festival Internacional Cervantino, mucho menos al de las superproducciones como las de OCESA.

Es teatro telenovelero con estrellas de telenovela para el público de las telenovelas. Y merece respeto.

No lo voy a aburrir explicándole la importancia del teatro telenovelero en un país como México, pero le voy a contar una anécdota personal.

Soy un gran consumidor de teatro. La semana pasada me aventé cuatro obras que fueron de lo más comercial a lo más experimental. Métase a mi Instagram para que vea.

¿Le cuento cómo comenzó todo? Con “Rina” (1976). Yo era un niño de clase trabajadora de Monterrey. “Rina” me cambió la vida. Ofelia Medina lo sabe.

En aquellos años, aprovechando el éxito de este melodrama nocturno, Enrique Álvarez Félix, el galán de “la novela”, montó “Drácula”, la presentó en el Teatro del IMSS de mi ciudad y me convirtió en esto: en público de teatro.

¿Sabe usted el bien que le hace a México que hoy Juan Osorio esté montando “Aventurera” como tantos productores hicieron con tantas obras telenoveleras en los años 70, 80 y 90?

Aquí hay un acto de rebeldía, de valor, de rescate. “Aventurera” no es una obra hecha con el apoyo del gobierno, con un asunto de impuestos ni con nada de eso.

Es el dinero de la cuenta de cheques de Juan Osorio puesto al servicio de la cultura popular.

Cualquier otro productor se hubiera guardado su dinero y se lo hubiera gastado en unas vacaciones. Juan, no. Se lo está jugando y se lo está jugando bien, atendiendo al público que ama las telenovelas.

Por eso cuando uno está ahí, escucha la canción de los créditos finales de “El amor no tiene receta”, se avienta chistes de “Vivir de amor” y, si tiene suerte, hasta puede llegar a bailar con la estrella de sus sueños.

¿Ya se puso a pensar en lo que significa, para alguien que adora las telenovelas, ir a un espacio sagrado como El Salón Los Ángeles y tener el privilegio de bailar con una de estas figuras?

Sí es algo muy fuerte, muy hermoso. “Aventurera” es eso y tan lo es que todo está hecho con respeto para Álvaro Custodio (el autor original de este concepto) y su familia, y para Carmen Salinas (la reina que transformó esta idea en un cañonazo épico) y, lo vuelvo a decir, su familia.

¿Qué montaje de qué obra conoce usted que sea tan respetuoso que antes de pensar en la vanidad de sus protagonistas piense en la memoria de sus creadores y lo vincule con las audiencias telenoveleras de México y del mundo?

Tuve el honor de ir a la función de estreno y sigo levitando de placer con ese momento de oro en que Susana González, la última Aventurera, leyó un texto en homenaje a Carmen Salinas. ¡Nadie hace eso!

Por si todo lo que le estoy diciendo no fuera suficiente, el amor telenovelero de “Aventurera” es tan grande que, ¿sabe quién fue la madrina de este montaje? La diosa de las telenovelas mexicanas: Lucía Méndez. Más claro ni el agua.

¿Qué le puedo decir de este montaje dirigido por el gran Eric Morales? Que no puedo creer que se haya convertido en realidad a tan pocas semanas de haber acabado con las grabaciones de “El amor no tiene receta”.

Que se me hace admirable que se haya conseguido esa sensación de interactividad en un espacio tan complicado en términos teatrales como el Salón Los Ángeles y que adoro al reparto.

Ver a Irina Baeva y a Olga Breeskin juntas es una experiencia gloriosa para las audiencias melodramáticas. Dos mujeres de ascendencia rusa frente a frente, diciéndose hasta de lo que se van a morir, no es algo que se vea todos los días por aquí.

Irina está en su mejor momento como mujer y como leyenda telenovelera. No por nada triunfa como triunfa en “La historia de Juana”.

Olga fue, es y será nuestra eterna reina de la noche. Ella es alguien tan importante como La India María, Chespirito y Chabelo en nuestro imaginario colectivo.

Sí hay que verlas junto a Daniel Elbittar, Emmanuel Palomares (alternando funciones con Nicola Porcella), el maestro Salvador Sánchez, un ballet maravillosamente inclusivo, una orquesta en vivo muy bien dirigida por el maestro José Luis Fortanell Manzanero y alguien que es la revelación del año: Coco Máxima.

Todos sabemos que “Aventurera”, desde que se comenzó a hacer en teatro, ha sido una experiencia 100 por ciento a favor de las personas del inmenso y maravilloso abanico trans, pero en esta versión de Ximena Escalante (nieta de Álvaro Custodio), las cosas llegan a donde jamás habían llegado.

Coco, nuestra amada Nandy de “El amor no tiene receta”, es la joya de “Aventurera”. No le voy a contar detalles para no arruinarle la experiencia pero hace enemil personajes, de todo y con todos.

¡Y lo hace increíble! ¡Eso es tener talento! ¡Eso es brillar! Y hacerlo al lado del violín de Olga, de la belleza de Irina, de la galanura de Daniel y de las tablas de don Salvador, no es cualquier cosa.

Si usted, como yo, ama las telenovelas, luche con todas sus fuerzas por ir ya, pero ya, a ver “Aventurera” al Salón Los Ángeles. Le va a gustar. De veras que sí.


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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