"El amor no tiene receta"

Ciudad de México /

Estoy enloquecido de placer y de orgullo con “El amor no tiene receta”. Desde que se anunció, mi intuición me decía que ahí iba a pasar algo importante, pero jamás imaginé la magnitud.

No me he perdido ni una escena y cuando la miro le juro que me siento como en los tiempos de las películas “La tarea”, “La invención de Cronos”, “Sólo con tu pareja” y “Como agua para chocolate”.

Esta producción de Juan Osorio es un parteaguas, un cambio en la manera de ver y de hacer telenovelas.

Sí es importante que se lo reconozcamos porque estamos muy distraídos con la industria del “streaming”, con las series y con todo eso que, por supuesto, también merece atención pero que ni remotamente se acerca, en términos culturales, y mucho menos en términos nacionales, a algo tan relevante y tan nuestro como las telenovelas.

Ya no estamos hablando de “remakes”, de importaciones, de “Cenicientas”, de puestas en pantalla acartonadas, de lugares comunes ni de todo aquello de lo que tantísimas personas sentían vergüenza.

Ésta es una historia original de Pablo Ferrer y Santiago Pineda, de una nueva generación de autores mexicanos, de una dirección absolutamente cinematográfica de Eric Morales y de “Bonnie” Cartas, de un trabajo admirablemente creativo y de los más edificantes valores de producción en tiempos de austeridad.

Porque esto es algo que no se dice: ya nadie produce melodramas seriados con los recursos con los que se producía en el pasado.

Juan Osorio, sus colaboradores y sus talentos, como todo el mundo en la televisión mexicana, está haciendo más con menos. Sólo que aquí el resultado es impresionante sin que estemos dejando de hablar de lo que fue, es y será por siempre una telenovela.

Yo no sé si usted esté mirando este prodigioso espectáculo pero hoy quisiera sensibilizarlo sobre algunas cosas que están pasando aquí que son históricas.

“El amor no tiene receta” no gira alrededor de lo que normalmente giran esta clase de historias. Gira alrededor de conflictos sociales, de problemas legales.

Hablamos de desaparecidos, de corrupción, de clasismo, de la compra y venta de niños, del lavado de dinero, de los derechos de las personas trans, de inteligencia artificial, de trastornos alimentarios, de las personas en situación de calle, de ansiedad, de vapeo, de videojuegos y de redes sociales, por mencionar sólo unos cuantos temas.

Pero también hablamos de la gran familia mexicana, de la dignidad de nuestros barrios, de lo que una mamá o un papá es capaz de hacer por una hija o por un hijo, hablamos de las abuelas y de los abuelos, de salud mental, de grupos de apoyo, de responsabilidad social y de cualquier cantidad de valores.

Sí, es un melodrama. Hay buenos y hay malos, pero dentro de las reglas de este género, que no cualquiera es capaz de actualizar, los personajes de “El amor no tiene receta” son de una complejidad alucinante. Son personas que cometen aciertos y errores. Son como usted y como yo.

Esta propuesta de TelevisaUnivision une al pobre con el rico, a los niños con los adultos mayores, a las mujeres con los hombres, a las personas de la comunidad LGBT con los heterosexuales y a algo que hace mucho que yo no veía con esta fuerza y que sí es fundamental: al campo con la ciudad.

Yo podría escribir una columna completa con cada uno de los personajes de esta historia, con cada actuación, con cada idea pero no es el lugar ni el momento.

¿Por qué le estoy diciendo todo esto? ¿Por qué hoy? Porque contrariamente a lo que sucedía antes, cuando alguna productora o algún productor pretendía hacerle cambios a la telenovela tradicional mexicana, el resultado de esta emisión es un éxito.

A “El amor no tiene receta” le va increíble en cuanto a “rating”, ventas y redes sociales tanto en México como en Estados Unidos.

Aquí está pasando algo que habla de una revolución mediática pero también de un nuevo público, de un cambio social.

Obviamente siempre habrá una generación soñando con los melodramas de Silvia Derbez, Amparo Rivelles, Irma Lozano, Fanny Cano, Christian Bach y Edith González.

Y eso es maravilloso porque nos habla de una época de oro, de un respeto que no debemos perder.

Pero no nos podemos quedar en el pasado, esto es otra cosa y lo que está sucediendo en estos momentos en “El amor no tiene receta” no tiene precedentes.

Prácticamente todo el reparto está en la cárcel por una cadena de injusticias que no es muy diferente a las monstruosidades que tienen encerradas a muchísimas personas en esta clase de lugares.

No doy crédito de la novedad, de la valentía ni del infierno. Y las audiencias están reaccionando favorablemente. Y el público está discutiendo. ¡De eso se trata! ¡De eso se ha tratado siempre!

No le voy a contar detalles para no arruinarle la experiencia a los mercados internacionales y a las personas que van a su ritmo en VIX, pero sólo le voy a poner un punto sobre la mesa para que aprecie el nivel:

Es sorprendente ver en telenovela, en televisión abierta, en horario familiar, en lo que alguna vez fue la señal más conservadora de México, el sufrimiento de una mujer trans en una cárcel de hombres.

Y verlo bien escrito, bien actuado, bien ejecutado.

¿Le sigo? No. Mejor la invito, lo invito, a que luche con todas sus fuerzas por ver “El amor no tiene receta” de lunes a viernes a las 20:30 en Las Estrellas.

Es un cambio. Un cambio que estará en los libros del futuro como “La tarea”, “La invención de Cronos”, “Sólo con tu pareja” y “Como agua para chocolate”. De veras que sí.


  • Álvaro Cueva
  • contactoalvarocueva@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
Más opiniones
MÁS DEL AUTOR

LAS MÁS VISTAS

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión aquí.

Crea tu cuenta ¡GRATIS! para seguir leyendo

No te cuesta nada, únete al periodismo con carácter.

Hola, todavía no has validado tu correo electrónico

Para continuar leyendo da click en continuar.