“El heredero” de Star+

  • El pozo de los deseos reprimidos
  • Álvaro Cueva

Ciudad de México /
Está perfectamente bien estructurado. ESPECIAL

De vez en cuando, uno, como crítico profesional de televisión, se topa con verdaderas maravillas, con productos extraordinarios, con joyas que genuinamente representan un cambio, una aportación.

Por eso le quiero dar las gracias públicamente a Star+ y a la casa productora BTF Media por existir y por crear algo tan bello como “El heredero”.

Se lo voy a decir tal cual: he visto todos los “reality shows”, de todo tipo, que he podido, desde que se inventaron. “El heredero” es el mejor “reality show” de talento que he visto en mi vida.

Y mire que soy el fan número uno de “¿Quién es la máscara?” y de “Música de barro”, entre muchos otros títulos.

Esto es otro nivel. Es otra historia. Y le ruego a Dios que sea el principio de esa gran revolución audiovisual que llevo años esperando en esta industria.

Pero usted no tiene la obligación ni de ser suscriptor de Star+ ni de saber nada, así que ahí le voy con los antecedentes.

Uno: el mercado está saturado de “reality shows”. Que si de canto, que si de baile, que si de deportes, que si de gente conflictiva, que si de cocina, que si de experiencias extremas.

Hay un punto en el que cualquiera se harta y todo, aunque esté bien hecho, acaba siendo una porquería.

Dos: hay un divorcio imperdonable entre los medios, las plataformas y la sociedad. Allá “arriba” creen que la gente es entre tonta, vulgar y adicta.

Acá “abajo” el mundo se mueve de otra manera, especialmente entre las audiencias más humildes y las nuevas generaciones que, de plano, no se identifican con las propuesta que se les están presentando.

Tres: una de las manifestaciones más representativas del mundo real es el “Freestyle”, una expresión tan, tan, pero tan libre que sería imposible que se presentara en medios tradicionales.

Y no necesariamente por falta de ganas, por un tema legal.

El “Fresstyle” es un ejercicio de improvisación musical en donde las mujeres y los hombres rapean a partir de una frase o de una palabra.

Cuatro: el “Freestyle” es arte, pero también es lucha. Los amantes del hip hop organizan duelos para ver quien improvisa con más calidad. Es millones de veces mejor que agarrarse a golpes. Es un hallazgo cultural. Fin de los antecedentes.

“El heredero” (cuyo título completo es “El heredero: la dinastía del Freestyle”) es un “reality show” de talento, con mujeres y con hombres, que pone a competir a enormes exponentes del “Freestyle” de un montón de países de habla hispana.

Está perfectamente bien estructurado para que los participantes rapeen en grupos (The Big Fish, Los reales, Los Goats, El potrero y Chocolateros) bajo la asesoría de grandiosas estrellas de esto (Skone, Jaze, Aczino, Kaiser y Dtone) y con la conducción de Facundo y Queen Mary.

¿Qué tiene esto de fabuloso si, honestamente, suena a “pan con lo mismo”?

Que es la primera vez que se hace un ejercicio de talento y televisión real alrededor de algo tan del pueblo, tan juvenil y sin censura.

Que representa una proyección insólita para una manifestación artística prohibida.

Que está llena de novedades que mandan mensajes positivos (como tener a una mujer embarazada presentando los momentos más rudos).

Que el talento de los participantes es altísimo, admirable. Y que la producción es de una complejidad, de una elegancia y de una belleza como jamás se había visto y menos en un sistema de distribución de contenidos en línea.

No hay manera de ver esto y de no pensar en inclusión, en respeto, en todo lo que necesitamos recuperar para salir adelante.

“El heredero” es una cachetada con guante blanco para el odio, el clasismo, el racismo, la misoginia, la homofobia, el malinchismo y la brecha generacional. Tendría que ser una obligación para muchas personas.

Y no sé qué admiro más, si la profunda inteligencia de esas chicas y de esos chicos de barrio capaces de construir las rimas más sofisticadas a un ritmo de una palabra o de una fase nueva que les van imponiendo más o menos cada 15 segundos o la parte, insisto, de la producción.

Si esto no fuera una “talent show” sería cine. Es pulcrísimo, avanzadísimo, con todos los valores de producción del universo perfectamente bien aplicados para crear una narrativa excepcional que justifica que uno contrate una plataforma para ver cosas que jamás verá en televisión abierta.

¿Quiere que hablemos del lenguaje audiovisual, de la coordinación, del vestuario, de la fotografía, de las “historias”, de la iluminación, del vestuario o de la edición?

Aquí puedo estar todo el día. Estoy fascinado. Luche con todas sus fuerzas por ver “El heredero” en Star+ y aprecie, por favor, la diferencia. Le va a gustar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com

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