Todos somos 'Bridgerton'

Ciudad de México /

Todo el planeta habla de la segunda parte de la temporada tres de “Bridgerton”. Es un hermoso fenómeno global. La más clara demostración de que Netflix sí funciona.

¿Qué le puedo ofrecer yo, como crítico, que sea diferente? ¿Qué le puedo decir que no estén diciendo los influencers y las audiencias en las redes sociales?

La verdad: ésta es la historia de mi vida. Yo “soy” Penélope Bridgerton.

Yo inicié mi carrera escribiendo con seudónimo, mi columna se convirtió en un cañonazo nacional, todo el mundo quería saber quién era y me pasaron cosas maravillosas. Algunas divertidísimas. Otras, espantosas.

Mi relación con “Bridgerton” es mucho más especial que la de la mayoría de la gente porque yo también era una “chica gorda” a la que nadie volteaba a ver, la venida a menos, la que sufría por amor.

Y ahí estaba yo, en medio de mi “corte” de telenovelas, creadores y celebridades. ¡Hasta tuve mi “reina”, mi “baile” y toda la cosa!

No le sigo porque, evidentemente, la nota no soy yo, pero quiero que entienda que, para mí, hablar de esto (además, a mi edad) sí pesa.

Uno sabe que una serie es buena cuando se encuentra en ella y “Bridgerton” no es buena. ¡Es buenísima!

No le voy a contar detalles para no arruinarle la experiencia pero me interesa mucho que aprecie todo lo que hay detrás de esta joya más allá de lo obvio.

Le propongo que lo dividamos en lo profesional y en lo personal.

Lo profesional: “Bridgerton” es una necesarísima reflexión sobre el poder de los medios de comunicación y las redes sociales, sobre el tema del anonimato.

Aquí, como en pocos productos en toda la historia del entretenimiento, nos queda claro que un comentario malintencionado, que un “hate”, puede acabar con alguien.

No hay manera de ver esto y de no clamar por un código de ética, por alfabetización mediática, por la más elemental responsabilidad social.

¿Y qué me dice de todo lo que tiene que ver con el anonimato?

Contrariamente a lo que se nos maneja en internet, esta serie lo expone como lo que es: un clóset, una maldición, una posición que tendrá consecuencias.

¿Pero sabe qué es lo mejor de todo? Que nada de lo que le acabo de señalar está puesto a la fuerza, que fluye orgánico, sin que se sienta el peso de un mensaje moral.

Vayamos ahora a lo personal: “Bridgerton” es un contenido que inspira, que nos hace volver a creer en el amor, que nos lleva a pensar en la importancia de ser uno mismo, de tener una voz propia.

Aquí hay grandes mensajes sobre la importancia de la familia, sobre las cosas que son verdaderamente fundamentales y la necesidad de contar con redes de apoyo para salir adelante.

Y si usted es mujer, mejor. “Bridgerton” le dice cosas preciosas a las mujeres de todas las generaciones, las libera de todo lo que siempre las tuvo atadas en lo físico, en lo emocional y hasta en lo sexual.

Estamos ante la reinvención de los cuentos de hadas pero bajo un esquema donde los hombres también ya son diferentes.

Todas las tendencias de nuestra nueva realidad están aquí. Ya ni siquiera tenemos que hablar de empoderamiento, inclusión o “body positive”. Esto ya se fue a otro nivel.

Por último, sensibilícese sobre la belleza de esta producción, sobre los valores puestos en pantalla, la exquisitez de los detalles.

Todo el planeta habla del “final” de “Bridgerton”. Es un hermoso fenómeno global. La más clara demostración de que Netflix sí funciona. Luche por verla. Le va a gustar. De veras que sí.


  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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