Equivocarse en la casilla

Ciudad de México /

Falta menos de una semana para la elección más grande en la historia de México. Y, a pesar de ello, lo grande no es ni de lejos lo más relevante en este cívico evento. Lo que importa es lo que somos y lo que podríamos dejar de ser. No, no digo que el sufragio de hace seis años fuera menos trascendente. Al contrario. Fue igual o más. Y es precisamente por ello que me detengo en ese instante. Esa elección provocó algo insólito. Con el  paso de los meses y los años de gobierno, se acumularon las voces de aquellos que decían que se habían equivocado al emitir su voto. Un fenómeno inédito. Un gran número de personas asumían su voto como un error y se arrepentían de la elección que habían tomado. Pensando en este hecho sin precedente es que hoy hago este simulacro para tratar de evitar que vuelva a suceder, evitar el cuestionamiento del día después y, lo que es aún peor, el largo duelo.

Imagine que está frente a la boleta, crayón en mano. Tiene que cruzar el logo de un partido, todos le son familiares. Escucha entonces una voz interior que cuestiona el camino que ha tomado su mano. ¿En serio vas a votar por el PRI? ¿De verdad vas a cruzar las siglas del PAN? ¿Te vas a atrever a poner una cruz sobre el PRD? Si algo similar le pasó hace seis años, formúlese a sí mismo el argumento contrario.  Votar por Claudia significa cruzar el logo del  Partido Verde, ¿no te da vergüenza ese logo? ¿Y el del Partido del Trabajo?  ¿Y qué me dice del de Morena? Seis años con serios cuestionamientos de corrupción empezando por el consejero jurídico de la Presidencia hasta llegar a la “nueva estafa maestra” en Segalmex, la más grande en la historia del país, cuyo director fue premiado sin siquiera resolverse el escándalo. Los apagones, la falta de mantenimiento en todo, la falta de medicinas, de servicios de salud, de seguridad. Los muertos. Opacidad, mentiras constantes, resguardo de información. ¿De verdad se merece Morena otros seis años? ¿No les correspondería un acicate para que se esmeren más?

Pero es que en esa alianza está Alito y Marko Cortés, parece que dijera el tembloroso crayón, recordando cualquier nombre que por alguna razón resulte bochornoso. A lo cual habría que responder ¿Y Félix Salgado Macedonio y sus historias de acoso no están del lado de Claudia? ¿Y Arturo Záldivar? ¿Y Cuitláhuac García? ¿Y Rocío Nahle?

El punto al que quiero llegar es a que ese no es un argumento. Todos los partidos están hechos del mismo material, todos tienen personajes reprochables. Lo que hoy es diferente es la candidata y el país al que se comprometen defender.

El viento mueve los plásticos blancos que lo protegen mientras vota y desde ahí escucha un rumor. ¿Y si les damos otra oportunidad?  Para lo cual antes de cruzar la boleta nos deberíamos de preguntar: ¿Realmente le queremos dar nuestra vida entera a una sola persona? ¿Dejar que haga lo quiera, no saber? ¿No es así como se comportan las sectas? ¿Se debe perdonar a los que manejan la vida pública y nada de lo público han sabido hacer: seguridad pública, salud pública, educación pública? ¿Se debe permitir que doblen al poder legislativo? ¿Qué sometan al poder judicial? Y si lo permitimos, cuando los necesitemos ¿quién responderá?

No te vuelvas a arrepentir, esta vez parece que será peor.

  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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