Los perdedores

Ciudad de México /

Si el triunfo de hace 15 días no hubiera sido tan avasallador y contundente, tal vez este texto empezaría de forma diferente. Quizá cuestionaría las encuestas que hizo Morena este fin de semana sobre la reforma judicial. Probablemente las relacionaría con aquella consulta hecha a modo para detener el Aeropuerto de Texcoco. Hablaría de las coincidencias en las formas, las intenciones y aún del hecho de que ambas fueron realizadas por presidentes —el de entonces y la de ahora— que ni siquiera habían entrado en funciones. Hoy ya no.

El sistema ya cambió. A algunos les sabe dulce y a otros amargo. Difícil no poner caras, pero después de 15 días dándole vuelta con la lengua, hoy hay que tragárselo. Digerir. Unos ganaron y otros perdieron.

Olvidemos las preguntas de las encuestas, los que ganaron ni siquiera tendrían que hacerlas. No hay aclaración pedida, ninguna justificación necesaria. Los votos les dan el pase en automático. Y no, no es porque las urnas hubieran “mandatado aplicar el plan C”, como algunos dicen. No, eso es muy sofisticado, por eso solo hablan de ello los que hacen política y los que opinan de la misma. La gente que camina por la banqueta es más simple y, como bien dijo el Presidente la semana pasada: las personas votaron por los apoyos económicos que reciben. Ni siquiera por las reformas en materia laboral, basta recordar que la mayoría de los mexicanos viven en la informalidad.  Así que no hay que minimizar ni avergonzarse. No se necesita un motivo más sublime que ese dinero en el bolsillo. Esos apoyos les han cambiado la vida. Qué más da lo que es el plan C, el spot que hizo la candidata en campaña, por lo complejo que es, ni siquiera lo explicaba. Y no era necesario. La boleta resultó una carta blanca que autoriza al Gobierno a hacer lo que considere pertinente. Y eso es un enorme y respetable triunfo.

No tengo la menor duda que tendrán el poder absoluto. Tendrán la mayoría absoluta en ambas cámaras, modificarán el INE, se reescribirá la Constitución y pasará sin ninguna traba la reforma al Poder Judicial. Subrayo y enfatizo: ganaron.

Y dicho sea de paso, ¿será peor escoger a los ministros como ahora proponen, siendo que como lo hicieron antes nos llevó a tener lo que hoy tenemos, incluida Lenia Batres? ¿No será aún más delicado lo que harán en el 2025? Bajar el número de ministros y elegir a todos nuevos. ¿Nos llevará eso a tener una Suprema Corte con nueve Lenias?

No, no habrá contrapesos. Lo cual, por cierto, no es nuevo, eso ya lo hemos vivido. Todo el poder en unas solas manos. Autoritario. Sin una oposición que se respete como interlocutor válido. Con lo cual, la duda es ¿quién podrá preguntarle algo al poder?

El poder necesita cuestionamiento y reflexión para no perderse a sí mismo. Entre todo lo que les dio las urnas, esa es una demanda silenciosa que también se les otorgó. Les dimos todo, exigimos pues, que lo hagan todo y bien.

Los periodistas, opinadores e intelectuales orgánicos ya no tienen nadie más a quien ganarle, nadie contra quién pelear, tolerar otros datos, permitir una mentira, ¡vamos!, ni siquiera tienen que hacer propaganda.  Ahora son ellos mismos sus propios contrapesos. Nobleza y obligación del ganador. Cuestionarse, por ejemplo, ¿realmente queremos nueve Lenias?


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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