Luis Donaldo

Ciudad de México /

¿Luis?¿Luisito? Cómo me gustaría saber el nombre que tu papá usaba para llamarte de niño. Tienes un nombre tan largo, que de seguro usaba uno más cortito cuando te abrazaba. Cuando te daba las buenas noches y apagaba la luz del pasillo. Me gustaría conocer ese nombre, ese diminutivo, ese código de cariño familiar cifrado en sílabas y escribirte con él este texto. No, Luis Donaldo, no. Usar aquel íntimo y cálido sobrenombre, para después de él poderte hablar del pesar y la vergüenza que siento de esta política vulgar que solo piensa en sí misma. La que olvidó que mantener el poder no justifica los medios, empezando por la crueldad y la mentira.

¿Cuántas veces has visto morir a tu padre? O quizá debería replantear la pregunta: ¿cuántas veces te han hecho volver a ver la muerte de tu padre con el único objetivo de que a algún político le sirva?

Entiendo que este año es singular, se cumplen 30 años del trágico atentado, pero el aniversario no sucede sino hasta finales de marzo. ¿Por qué hacértelo ver antes? ¿Tan solo porque este es año electoral?

A principios de la semana pasada la Fiscalía dijo que abrió de nuevo el caso para revisar a fondo el tema del supuesto segundo tirador y otros implicados. ¿Abrir? Ahí empieza de nuevo la tortura y la mentira. Después de un trabajo excepcional en donde se trajeron peritos hasta para lo impensable y se auditaron todas las investigaciones anteriores, el último fiscal del caso, Luis Raúl González Pérez, concluyó lo acontecido y dijo que, a pesar de ello, dejaría abierto el caso precisamente para evitar que alguien dijera que una conspiración lo había cerrado. Lo abrirán aunque esté abierto. Doloroso.

Después de eso la prensa dijo que tú, el alcalde de Monterrey, Luis Donaldo Colosio Riojas, apelabas a la compasión del Presidente y le pedías indultar a Mario Aburto, que pusiera “un carpetazo final al asunto”. Que eso permitiría sanar tanto a tu familia como a México. “Iniciar un camino hacia la reconciliación a través del perdón, pero sobre todo, a través del respeto”. Busqué las imágenes. Te vi diciéndolo. Te volví a ver. Sereno, aunque no me puedo imaginar que no te duela. Ejemplar. Lastimoso. Te dijeron que no.

¿Quién necesita ahora volver a ver el asesinato de tu padre? Algunos dicen que es solo un distractor, humo para disipar los escándalos que están golpeando al gobierno. Otros que, como ahora van contra los jueces, sirve como campaña de propaganda para impulsar las reformas al sistema judicial que se presentarán justamente hoy. Y otros más aseguran que volver a ver la muerte de tu papá es útil para atacar a los partidos de la oposición, a los gobiernos y personajes del pasado. Trazar con ello una línea conspiracional de 30 años que llegue hasta la elección de junio próximo. Humo, propaganda y una boleta depositada en una urna, para eso quieren que tu papá se vuelva a morir.

En las redes no pararon las burlas y los memes. ¿Te sirve de algo saber que la gente se da cuenta de la vulgaridad de nuestra política? No, no lo creo. Sin embargo, piensa que es una forma de pedirte perdón, como también a través de este texto, lo hago yo.

¿Humanismo mexicano? ¿Cuántos años tenías cuando murió tu padre? ¿Ocho? Qué grande les queda ese mote cuando les es tan ajeno

lo humano. 


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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