Reventando burbujas

Ciudad de México /

Ante todo, me sorprende la sorpresa. Toda esa gente que, al paso de una semana, sigue con los cabellos revueltos, tambaleante por el vértigo, sin poder asegurar dónde quedó el techo y en qué lugar terminó por ubicarse el piso. Esos que se palpan el cuerpo para asegurar que no se partieron ningún hueso, mientras preguntan una vez y otra vez a todo aquel que parece menos perdido: ¿qué pasó?

Explico el momento. Imagine un alfiler. Mírelo de cerquísima. Vea cómo su afilada punta se acerca a una sólida superficie curva y, sin ningún esfuerzo, casi sin mala intención, ¡plop!, revienta lo que ahora sabemos era tan solo una burbuja. Desaparece sin dejar ninguna huella. No más burbuja. Evidenciando con ello que, si alguien piensa que aún existe la burbuja, tan solo demuestra que sigue muy aturdido.

Reventó la burbuja en la que vivían y que los hacía escuchar solo a aquellos que vivían ahí mismo, pensando como ellos mismos lo hacían. Cayeron al mundo, de ahí la sensación de huesos rotos. Un golpe de realidad tan bestial que, a estas alturas del avasallador fenómeno electoral, todos deberían haber sido capaces ya de pegar los puntos y entender que a la persona de la banqueta no le interesa “la democracia”, “la Constitución” o “la Suprema Corte de Justicia”. Esos, como ya se ha dicho, son temas demasiado abstractos a los que uno llega para meditar en ellos cuando las necesidades básicas están resueltas. No se puede pensar en filosofía ni en ciencia política con el estómago vacío o un hijo enfermo. Pensar en conseguir trabajo, llegar con las medicinas para ese familiar que no se cura y encima preocuparse de que no le roben a uno el celular en el transporte pesa mucho más que la tan traída y llevada “democracia”. Esto siempre ha sido así, la enorme diferencia es que este gobierno ha proporcionado los apoyos económicos para empezar a hacerles frente. ¿Y por qué no quejarse del sistema de salud o todas las otras cosas que no funcionan? Porque hay dinero y uno puede ir a la consulta del Dr. Simi y pagar la receta. Por eso el dinero es directo a la gente, para que ellos resuelvan como quieran y puedan. Y eso, es muy diferente. Un privilegio que jamás habían tenido. Y, como ya sabemos, todo mundo defiende sus privilegios.

Hasta aquí no hay duda, lo curioso es que no solo es una burbuja.  Hay muchas que flotan y aún no han estallado. Primero, la burbuja de los pensadores de la izquierda en el poder. Ellos piensan que la gente les dio el triunfo, porque analizaron “el plan C” —como muchos ya lo han dicho— y concluyó que eso es lo que el país necesita. No es cierto. Regresemos a lo que dijimos más arriba. La gente tiene problemas más apremiantes, no sabe qué es el “plan C” ni le importa. “Revolución de las conciencias” tampoco. Hay que comprar los útiles. Existe otra burbuja que piensa que la gente votó por ellos para que cambien los medios y los programas de debate sean más de izquierda. ¿Programas de debate? Ni los ven y, por si fuera poco, se descompuso el calentador. 

Importante sería que alguien pinchara esas burbujas y todos cayeran a tierra. Recordar que ahí están las necesidades básicas. Si esas no estás resueltas y aseguradas, lo demás es olvidarse de la gente y el baño de pueblo y vivir en un baño de burbujas.


  • Ana María Olabuenaga
  • Maestra en Comunicación con Mención Honorífica por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios en Letras e Historia Política de México por el ITAM. Autora del libro “Linchamientos Digitales”. Actualmente cursa el Doctorado en la Universidad Iberoamericana con un seguimiento a su investigación de Maestría. / Escribe todos los lunes su columna Bala de terciopelo
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