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AMLO homo religiosus

Bernardo Barranco

AMLO ha convertido la religión en un activo político. Mientras anuncia separar la economía de la política intenta unir la religión con el ejercicio del poder. Como ningún otro presidente utiliza la fe como ejercicio de gobernabilidad. Ha leído el peso político y electoral que han adquirido la Iglesias evangélicas especialmente en América Latina y con audacia pretende sumarlas a su proyecto de transformación social en México. Carlos Salinas de Gortari realizó reformas constitucionales de reconocimiento jurídico de las Iglesias congratulándose especialmente con la Iglesia católica en 1992. Forjó un respaldo político jerarquía católica aliada para su proyecto de modernización. Ahí la clase política aprendió en incorporar todo el peso simbólico de la Iglesia católica que su cúpula se prestaba a la legitimación. Vicente Fox invocó con vistosas metáforas una afinidad libertaria en el Cura Hidalgo y en la Virgen de Guadalupe para emancipar al país del PRI. La alternancia panista del 2000 hubiera sido imposible sin la complicidad católica de cientos de curas y parroquias que invocaron desde la fe un cambio de régimen.

A partir de entonces la cultura política incorpora a la Iglesia como un factor de gobernabilidad y una aliada de la estabilidad social. México se convirtió en tierra fértil de los Papas que han visitado nuestro país siete veces en treinta y siete años. La clase política aprendió dar un trato privilegiado a una jerarquía que se acomodó al poder. Emilio González el góber piadoso, en Jalisco, colmó de donativos la construcción del santuario cristero. Con pasión mística los gobernadores de Veracruz Javier Duarte y el gobernador de Chihuahua César Duarte en fastuosas ceremonias religiosas entregaban sus vidas, sus gestiones y su honradez al Sagrado Corazón de Jesús y a la Inmaculada Virgen María.

Sin embargo, de manera silenciosa y casi subterránea las Iglesias pentecostales han venido ganando terreno en adeptos y organización de base. Felipe Calderón, fue el primer presidente en recepcionar dicho fenómeno. Actuó en consecuencia, al establecer alianza electoral en 2006 con la Casa sobre la Roca, una especie de Iglesia pentecostal, e incorporar tanto a la famosa Rosy como a su marido Alejandro Orozco a su proyecto sexenal. Incluyendo al Hugo Eric Flores, actual dirigente del PES.

Pero nadie había ido tan lejos como AMLO. Un presidente que ha manejado las alegorías religiosas como símbolos de poder. Ha abierto las puertas de Palacio a los pentecostales de Confraternice. ¿AMLO es un homo religiosus o un animal político?

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