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¿Por qué el Papa Francisco se alejó de Ayotzinapa?

Bernardo Barranco

A cinco años de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, conviene preguntarse por qué se desdibujó el apoyo que el Papa Francisco había manifestado por su causa. En Roma tuvo dos mensajes muy sentidos de solidaridad pero, en contraste, durante su visita a México en febrero de 2016, literalmente los ignoró.

Recordemos, el Papa tuvo dos mensajes de aliento al pueblo mexicano por las desapariciones en Ayotzinapa, la primera declaración fue a finales de octubre de 2014 cuando expresó lo siguiente: “Envío un saludo especial al pueblo mexicano que sufre la desaparición de sus estudiantes y por tantos problemas parecidos”; en la segunda alocución Francisco expresó: “Se hace visible la realidad dramática de toda la criminalidad que existe detrás del comercio y tráfico de drogas. Estoy cerca de ustedes y de sus familias”.

El pontífice preocupado sobre cómo estaba evolucionado el caso Ayotzinapa, envió al entonces nuncio Cristopher Pierre a Guerrero para oficiar una misa con los padres y entablar contactos directos con los familiares de los desparecidos. Entonces se hablaba de forcejeos entre la Iglesia y el gobierno, contenidos en duro comunicado de a CEM: ¡Ya Basta¡ Sin embargo, en su visita a México, el gran reproche que se hizo a Francisco fue no haber contactado con familiares de víctimas. Bajo el insuficiente el argumento de que “era prácticamente imposible recibir a todos esos grupos, que por otro lado también estaban enfrentados entre ellos”.

¿Por qué el pontífice cambió su actitud hacia la causa de Ayotzinapa? La respuesta la encontramos en el intenso cabildeo de la cancillería mexicana para evitar no solo el contacto directo sino menciones específicas que catapultaran políticamente el trágico episodio y la manera como el gobierno de Peña Nieto lo atajó. En efecto, la entonces secretaria de relaciones exteriores Claudia Ruiz Massieu, a menos de un mes de la llegada del pontífice a México, realiza una extraña visita a la Santa Sede.

Trascendió que la postura del gobierno era advertir al Papa, los vínculos de los estudiantes con el crimen organizado. Es decir, el gobierno de Peña Nieto vende la criminalización de los estudiantes como causa de la desaparición y las supuestas turbias consecuencias que traería apoyarles. A cinco años el Vaticano debe volver a mirar el caso y preguntarse por el desaire que lastimó a los familiares y que levantó un alud de críticas por el silencio y el actitud de alejamiento que tuvo el Papa.

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