El asalto a la razón

Un sucio trapeador en Palacio

Carlos Marín

Hay un sujeto que todas las mañanas le hace de tapete al presidente Andrés Manuel López Obrador en sus pláticas para desmañanados. Con la complicidad de la oficina de prensa de Palacio Nacional, se cuela entre periodistas genuinos como “corresponsal” de Radio Latino INC.com, tu estación que prende: una entelequia del vecindario cibernético donde, bajo la frase Mujeres exitosas, capitaliza un traspié propagandístico de la dirigente nacional de Morena titulándolo Yeidckol Polevnsky, en entrevista con Marco Olvera. En una fotografía, este Marco de referencia posa con enfática seriedad y labios apretados clavando en la lente una mirada inexpresiva (hipnótica diríase), con el brazo izquierdo sobre los hombros de la señora que, como si la abrazara Drácula, hace una mueca de sonrisa que la delata nerviosa.

La mención a este sujeto viene al caso porque ayer tiró un globito que dio pie a una disquisición de ¡45 minutos! que consumieron casi la tercera parte de la mañanera. Y de vergüenza: hizo un segundo comedido planteamiento que provocó la repulsa de los verdaderos reporteros, a quienes tuvo la desfachatez de replicar: “Cuando ustedes preguntan, nadie los cuestiona”.

¿Qué inquietud para nada periodística le expuso a López Obrador?

Con la súplica de que me perdonen los lectores, la reproduzco letra por letra:

“Presidente, buenos días. Con el respeto que se merece la investidura presidencial y por supuesto usted como jefe del Ejecutivo, quisiera preguntarle un tema reflexivo. ¿Le tocó bailar con la más fea, Presidente, luego de que los sexenios pasados dejaron el país en llamas, saqueos, desvíos de fondos, niños atendidos con agua en lugar de quimioterapias por los gobiernos del PRI y del PAN obviamente; también medios de comunicación que recibían chayos, reporteros y columnistas que obviamente son más que evidentes? ¿Qué me puede contestar? ¿Sí le tocó bailar con la más fea, o no, Presidente? ¿Y si se arrepiente de ser jefe del Ejecutivo…?”.

Habituado a las frecuentes lamidas de suelas, el interpelado se despachó en grande, comenzando por la “dicha” de “encabezar un movimiento de transformación” y siguiendo con lo complicado de su chamba porque, “a pesar de que saquearon al país por décadas, hay muchos recursos naturales, muchas riquezas en el país, un pueblo extraordinario, un pueblo bueno, un pueblo trabajador”. Y se fue tendido con definiciones de la democracia, el recuerdo del avión que ni Obama tuvo (y nadie compra), la resistencia de sus “adversarios”, las desgracias del periodo neoliberal y, a propósito de la actuación de criminales en el culiacanazo, con el envío de un mensaje a “los que están en malos pasos, que piensen que ese no es el camino, que eso no es vida, que no dejen de pensar que sólo siendo buenos podemos ser felices y que lo más importante es el amor al prójimo”.

Más lo demás de siempre...

Un asquito, pues, el inquisitivo Marco Servilleta Olvera.

cmarin@milenio.com

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