Salvando a la Sedena

Ciudad de México /

Mucho se ha hablado, y con razón, del inédito empoderamiento de la Secretaría de la Defensa (Sedena) en la lucha por la seguridad pública en el país, en contra de la violencia y el crimen organizado; y mucho hemos visto los resultados de tal estrategia: ayer otra masacre en Guerrero y un fin de semana terrible en otros estados. La militarización de la seguridad pública, un asunto que debería estar en manos del gobierno y en manos de civiles, es ya un problema. El futuro de tal iniciativa aún se tendrá que discutir en el Congreso y pasará por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Pero el entusiasmo de Andrés Manuel López Obrador con los militares y su “eficiencia” ha creado otro problema, tal vez más grave en el corto plazo: los ha convertido no solo en constructores sino en empresarios. Y toda empresa necesita recursos, más aún si los proyectos que administras son, por lo pronto, perdedores de dinero, como es el caso del Tren Maya, los varios aeropuertos que el Ejército administra y otros emprendimientos.

Eso quiere decir que la Secretaría de la Defensa necesitará cada vez más presupuesto y, ya que son empresarios, más negocios que administrar, con suerte unos que dejen dinero. Y como toda empresa, también necesita aprovechar lo invertido para otras actividades.

Ayer le preguntaron al Presidente las razones por las que le ha dado al Ejército el mantenimiento de las carreteras para este último año del gobierno.

López Obrador dio su acostumbrada explicación/elogio a la eficiencia militar, no solo en tiempos sino en costos, pero luego dio una buena pista: “… entonces, lo que hicimos fue que di la instrucción al secretario de Comunicaciones de que el programa de mantenimiento del sureste de carreteras lo íbamos a hacer —porque compramos maquinaría para el Tren Maya— con los ingenieros militares, porque nos sale mejor, hacen un buen trabajo”.

Pues sí. El Tren Maya obligó al Ejército a comprar maquinaria, capacitar ingenieros y constructores en cosas que antes no hacían, o lo hacían menos, a construir relaciones con empresas especializadas en ciertos ámbitos —para el tren con Renfe—, es decir, a actuar como empresa.

Y ahora necesitan más proyectos para aprovechar esa inversión y para cubrir las pérdidas de las que ya operan.

Eso sale con más proyectos. Ahora carreteras, pero mañana más trenes o algún Metro o más aeropuertos —tal vez ahora uno que sí tenga pasajeros—. Porque ya son empresarios, vestidos de verde y armados.


  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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