¿Nos vamos a quedar sin agua?

  • De buena fuente
  • Cristina Gómez

Tamaulipas /

La población está alarmada ante la amenaza de quedarse sin agua. Si el vaso de captación fuera como cualquier otro, y la ausencia de lluvias se extendiera todo el año, el día cero llegaría por el mes de diciembre.

Es decir, solo nos quedaría agua para el resto de 2024, a menos que nos “salvara” un huracán.

Pero el sistema lagunario del sur de Tamaulipas tiene conexión con agua marina, y el tema entonces es, cuándo empezará la intrusión salina.

Ambientalistas advierten que es cuestión de dos o tres días, otros calculan que en horas, e inclusive hay quienes dicen que las partículas ya se están introduciendo en el Chairel-Tamesí.

Es necesario que las autoridades de los tres niveles de gobierno nos digan dónde estamos parados en estos momentos, cuáles son los escenarios en el corto plazo y cómo piensan enfrentar la problemática.

Hace unos días, el gerente de Conagua, Jaime Gudiño, dijo a MILENIO Tamaulipas que no había que caer en psicosis, pero reconoció que la salinidad es una amenaza real y latente.

Fue él quien comentó que el volumen de agua que tiene en estos momentos el Chairel, y el cual ya es del 37% de su capacidad de almacenamiento, alcanzaría para atender el abasto por lo que resta del año.

El problema, insistió, no es la cantidad, sino la calidad, que al final de cuentas resulta casi lo mismo.

El funcionario dijo que no nos espantemos si se llega a cero centímetros en la escala de medición, como sucedió el 11 de mayo de 2021, pues ahora hay manera de bombear en Comapa hasta en -60 cms.

Niega que tengamos otra crisis como la de entonces, porque se mejoraron las condiciones de los diques 5 y Camalote, y se detuvieron las escotaduras existentes, fijándose doble tablestacado para impedir la comunicación del agua salada con la dulce.

Pero hay otra mala noticia: Los diques no son completamente impermeables.

Cada vez que se baja el nivel, la concentración de sal se va incrementando.

Los trabajos fueron insuficientes, porque la cortina del embalse consta de 42 mil hectáreas y 23 kilómetros de longitud, y solo se trabajó en “pedacitos”.

Hay muchas interrogantes todavía, pero las voces oficiales están ausentes.

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