Columna de Dora Raquel Núñez

A prueba

Dora Raquel Núñez

Calles en las que predominaba el ruido, las risas, las conversaciones han estado apagadas en los últimos días, letreros en las farmacias en los que se advierte que ya no hay cubrebocas ni gel antibacterial, y en los supermercados precisan que hay un límite de productos por familia.

Quienes atienden las cajas han tenido que enfrentarse a clientes que, sumidos en el pánico, exigen que se les permita llevarse más de lo estipulado.

Ya no vemos tampoco al señor de siempre empacando los artículos, ahora son los más jóvenes quienes se hacen cargo de esta tarea.

Los estacionamientos lucen vacíos, y los viene viene ya no tienen que dar indicaciones.

Las largas filas en las farmacias se deshacen una vez anuncian que se han agotado los insumos para protegerse del coronavirus.

Al caminar por la banqueta, buscamos la manera de tomar distancia, y en vez de una sonrisa nos topamos con una mirada que invita a mantenerse alejado.

Los cinco días que inicialmente teníamos que quedarnos en casa, según el llamado del gobierno estatal, se han prolongado, y algo me dice que el distanciamiento social -para evitar la propagación del covid-19- no terminará pronto.

Han pasado apenas unos días y he visto cómo la crisis sanitaria ha afectado a quienes me rodean.

La preocupación por la salud de sus seres queridos comienza a mermar en el bienestar mental, el miedo de ser afectado por la enfermedad va y viene en el transcurso del día.

Unos viven en la incertidumbre de si tendrán trabajo cuando todo pase, porque han tenido que irse a su casa sin ingresos; otros se han tenido que conformar con la mitad de su sueldo, pues el trabajo ha disminuido considerablemente, no así sus gastos; y hay quienes aprovechan hasta el último minuto laboral, pues ven cómo a sus compañeros ya les dieron las gracias y temen ser los próximos.

Un panorama que veíamos venir, pero que parecía lejano, ha tocado la puerta de nuestro círculo cercano.

Ya no se trata de “me contaron” o “me enteré de que”, ya son historias de amigos, familiares, conocidos o hasta propias.

Hace apenas un mes, no era tema de conversación y ahora el mar de información que existe respecto al covid-19 nos ahoga y sumerge en el miedo, el estrés e incluso la confusión, con tantas publicaciones contradictorias.

Hay que ser selectivos con nuestras fuentes de información, verificar la trayectoria del medio de comunicación y, ante la duda, investigar.

Necesitamos evitar caer en el alarmismo y seguir las recomendaciones que nos han repetido hasta el cansancio: Lavarse las manos frecuentemente, usar gel antibacterial y mantener la distancia con los demás.

Calma. Paciencia. Empatía. Seremos puestos a prueba en estos tiempos difíciles que se avecinan.

El estrés del aislamiento, del desempleo, de las cuentas acumuladas y el temor a ser parte de la estadística de contagios se conjugan en una bomba de tiempo que tendremos que saber contener.

No será fácil salir adelante, pero tendrá que ser.

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