Incendios forestales; acto criminal

  • ADN mexiquense
  • Eduardo Garduño Campa

Edomex /

Esta semana los bosques del sureste mexiquense fueron víctimas de un acto criminal, porque no se le puede llamar de otra forma a los cinco incendios provocados por quienes no les importó el daño que le hacen al ecosistema, todo por fastidiar o venganzas hacia grupos de interés.

Los incendios que se registraron en San Nicolás Atezcapan, Tiloxtoc y Monte Alto, en Valle de Bravo; y otros en Amanalco y Tejupilco en días previos.

En definitiva no fueron accidentales o de manera natural, la realidad es que hubo una intencionalidad porque no es posible que haya incendios iniciados casi a la misma hora.

El interés de ciertas personas por llamar la atención o perjudicar a otras o igual por buscar beneficios económicos con la destrucción de los bosques, son actos que deben ser castigados por la autoridad, no puede quedar impune este crimen a la naturaleza.

No fue únicamente el daño causado a las zonas forestales, sino también se atentó contra la vida de la fauna silvestre que habita esos bosques. Canes, armadillos, tlacuaches, aves y otros animales más; algunos pudieron escapar, pero muchos quedaron atrapados en el fuego.

Estos incendios provocados, tienen dos tintes: uno político y el otro económico.

El político es culpar a la autoridad en turno de lo que está pasando y su falta de vigilancia en las zonas forestadas, y el económico, que es el más deleznable, el que debe de atacarse y el que debe castigar severamente, porque grupos de interés por ciertas zonas de bosques que están en áreas de reserva natural protegida motivan su devastación para que dejen de formar parte de esas áreas protegidas y luego puedan fincar. Para ello le pagan a los comuneros o hacen alianzas mafiosas con los ejidatarios para que una vez que la zona está devastada pueda venderse, y entonces se construyen residencias sobre estos espacios.

En verdad es lamentable que la autoridad no tenga detectados a estos grupos inmobiliarios que atentan contra la naturaleza, con tal de obtener espacios a precios muy baratos para luego venderlos ya urbanizados a precios exageradamente altos y a los comuneros ejidatarios que se prestan a estos actos criminales les pagan una miseria.

Qué pena que se lucre con la necesidad de la gente y los motiven a cometer actos criminales de esta naturaleza.

Están claramente detectados esos grupos inmobiliarios que, como aves de rapiña, están tras las zonas arboladas para convertirlas en desarrollos habitacionales de lujo, sin importar el daño que le causan al ecosistema.

Ojalá la promesa que han hecho las autoridades forestales como Probosque y la Comisión nacional Forestal, deje de serlo y se convierta en una realidad y se dé con los responsables de estos actos criminales contra la naturaleza, porque no solamente fueron los bosques, sino también la fauna que habita y que le da vida a las zonas forestales.

Estos actos no pueden quedar impunes, porque mientras continúe así, obvio que seguirán los delitos, y lo peor que a mayor impunidad más y nuevos crímenes ocurrirán.

Es hora de actuar y esperemos que lo hagan, que no haya promesas sino resultados, y que se castigue. Hay quienes dieron muerte a 120 hectáreas forestadas.

Veremos de qué está hecha la autoridad federal y estatal. Si sólo fueron palabras o realmente habrá castigo.


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