Anhelo de uno mismo

Ciudad de México /

Hace unos días comentaba medio en broma, a propósito de la propensión actual a presumir y autoelogiarnos a nosotros y nuestra vida en redes sociales, que faltaba ver que se empezaran a presumir ahí las proezas sexuales. Al día siguiente apareció la tendencia “Año sexual 2022”, concepto bajo el cual se enlistaba el número de parejas, tríos, se sacaban promedios, máximos, mínimos, etcétera, para comunicar al mundo cuál había sido el rendimiento sexual del año que culmina. Si ya de por sí las redes son un pobre sustituto para transmitir por ejemplo la euforia de la fiesta, el alcohol o las drogas, no se me ocurre un rubro donde mayor pudiera ser la diferencia entre la dopamina de los likes al comunicar la experiencia sexual, en comparación con la experiencia concreta, que se inscribe en mi opinión básicamente dentro del rubro de lo incomunicable. Me recordó a uno de los temas que el legendario crítico de rock Lester Bangs le detallaba en una carta al editor de la igualmente mítica revista musical Creem, que quería explorar en un futuro (y sobre los que ya no escribió, al morir prematuramente por una sobredosis al automedicarse contra la gripa): “…la gradual desexualización de una generación entera, incluido el fenómeno de los individuos que prefieren constantemente las drogas al sexo”. Y es que por más que la dopamina sea una droga generada por nuestro propio organismo, es muy sencillo constatar los niveles de adicción que ha producido en la actualidad.

Y pensé también en otro texto de Bangs, “Pensar lo impensable sobre John Lennon”, escrito pocos días después del asesinato de éste. Ahí, Bangs critica la inmediata canonización de Lennon como “mártir del rock ‘n’ roll” expresando que a él mismo le habría desagradado (“John Lennon odiaba el sentimentalismo barato y tuvo que aprender a la mala que una vez que has hecho historia, quienes no pueden hacerlo te agradecerán tanto como para convertírtela en una jaula”). Y, prefigurando la importancia que la nostalgia ha adquirido como categoría cultural de la actualidad, Bangs afirma la futilidad de intentar volver al sueño hippie de los sesenta, incluso por personas que no lo habían vivido: “Es por ese instante –no por John Lennon el hombre– que estás haciendo un duelo, si es que lo haces. En última instancia, es un duelo por ti mismo”.

Pues quizá lo que atestiguamos ahora sea igualmente una especie de duelo por nosotros mismos, o por la realidad, o por las formas en que nos determina esa realidad, sobre la que la inmensa mayoría de las personas tienen menor injerencia día con día. De modo que, al igual que el anhelo de volver a la idea de un mejor pasado, lo que vivimos es el anhelo de volver a un mejor presente, transmutado en una personalidad idealizada y reluciente en las redes sociales (incluso cuando el tono es de burla o de autodesprecio, pues el mecanismo esencial de un yo idealizado, incluso en versión degradada por uno, sigue siendo el mismo), donde los más maleables confines de lo virtual permitan escenificar fantasías sexuales, de amistad y comunidad, y de todo tipo, como sustituto empobrecido de una realidad que, probablemente si fuera como aquella que se proyecta en las redes, no existiría necesidad alguna de comunicar las 24 horas del día, los 365 días del año.

Eduardo Rabasa

  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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