Cobain y la violencia sistémica

Ciudad de México /

Hace ya varios años en un viaje a Londres un día iba en el Metro escuchando música y comenzó a sonar “Let Down”, de Radiohead, con su triste y bella estrofa inicial:

Transport, motorways and tramlines

Starting and then stopping

Taking off and landing

The emptiest of feelings

Disappointed people

Clinging onto bottles

And when it comes it's so so disappointing*

Supongo que por la referencia inicial al transporte, a la sensación de vacío y decepción, miré alrededor y me pareció que era un soundtrack perfecto precisamente para esa escena del Metro londinense: un laboratorio del neoliberalismo salvaje thatcheriano que había sido en parte inspiración para obras como el OK Computer. La gente trasladándose a trabajos mal pagados y sin futuro (“A job that slowly kills you”, canta Thom Yorke en “No Surprises”), absorta como en una nada de rostros vacíos y en blanco. Me pareció una excelente viñeta para ilustrar la relación entre una cierta sensibilidad artística y realidad, no como fenómeno que la produce, sino más como canto de algo que está ya en el ambiente y que en este caso se interpreta como una hermosa desolación.

Por otro lado, Kurt Cobain puso fin a su vida un 5 de abril de 1994, es decir, hace 30 años. Y al igual que sucede con Radiohead, una posible escucha de su música es como declaración de la alienación y las fantasías de revancha engendradas por la violencia discursiva y la estratificación de una sociedad que casi desde niños divide a las personas en “ganadores” y “perdedores”. Así las primeras líneas de “Smells Like Teen Spirit”: “Load up on guns, bring your friends/It’s fun to lose and to pretend”. O los amigos imaginarios de “Lithium” que están en la cabeza de Cobain, canción donde fantasea con haber matado a su amor (“I killed you, I’m not gonna crack”). O el personaje de “In Bloom” al que le gusta “disparar su pistola”. Y así con muchos ejemplos posibles más de cómo la violencia contemporánea estadunidense, de todo tipo, es uno de los grandes temas de su obra.

Sin embargo, en el caso de Cobain justo todas estas emociones se canalizaron de manera artística y muy exitosa (“Teenage angst has paid off well”, canta en “Serve the Servants”), y finalmente la violencia la ejercería únicamente contra sí mismo, haciendo eco de lo que David Foster Wallace escribiría algunos años después antes de poner fin a su propia vida: “No es en absoluto coincidencia que los adultos que se suicidan con armas de fuego casi siempre se disparan en la cabeza. Le disparan al terrible amo. Y la realidad es que la mayoría de estos suicidas están ya muertos mucho antes de jalar el gatillo”. 

Pero de manera sumamente lúgubre, tan sólo cinco años después de la muerte de Cobain, el 20 de abril de 1999, dos adolescentes llamados Eric Harris y Dylan Klebod ingresaron por la mañana a su colegio en Columbine, Colorado, y abrieron fuego contra sus compañeros, antes de suicidarse en la biblioteca del colegio. Y desde entonces se han producido más de 300 incidentes similares en instituciones educativas en Estados Unidos, en general perpetrados por el mismo tipo de chicos llenos de rabia y de resentimiento. Y si bien sin duda el acceso a las armas es un elemento crucial, quizá la música de Nirvana sea un soundtrack adecuado para intentar comprender el estado emocional y mental de estos adolescentes que de continuo deciden actuar fatídicamente sus fantasías de destrucción y de venganza.

* Transporte, autopistas y tranvías / Comienzan y luego paran / Despegan y aterrizan / El más vacío sentimiento / Gente decepcionada / Aferrándose a botellas/ Y cuando llega todo es tan... decepcionante… 


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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