Hasta siempre, querido Goran

Ciudad de México /

En 2002, cuando recién habíamos fundado una editorial a la que de manera un poco lúdica se decidió llamarle Sexto Piso, los miembros iniciales habíamos leído el Diccionario jázaro, de Milorad Pavić, y nos dimos a la tarea de intentar publicar alguna obra suya. Al poco tiempo teníamos los derechos de Siete pecados capitales y había que buscar traductor. Francisco de la Mora dio con la maravillosa traductora del serbio afincada en México, Dubravka Suznjević, alias Buba, quien con el estilo directo y muy humorístico que llegaríamos a conocer muy bien nos dijo algo como: “Sí, sí, yo traduzco Pavić, pero si quieren un verdadero genio, les recomiendo un autor llamado Goran Petrović”. Buba había ya traducido por su cuenta el Atlas descrito por el cielo y, en efecto, fue amor a primera vista, y terminó siendo uno de los primeros libros publicados en Sexto Piso.

También al poco tiempo vino Goran a México por primera vez, y a pesar de las dificultades para que una editorial incipiente diera a conocer a un autor serbio aún desconocido, la magia que irradiaba tanto su obra como su persona lo volvieron entrañable para quienes iban teniendo la oportunidad de leerlo y escucharlo hablar. En 2005 publicamos su magistral La Mano de la Buena Fortuna, obra donde dos personas pueden encontrarse en las páginas de un mismo libro que estén leyendo, y cuando vino a presentarlo se desató una Goranmanía en toda regla, con decenas de entrevistas, presentaciones abarrotadas y filas larguísimas para firma de libros. Recuerdo que en un evento una joven le preguntó divertida, a propósito de la idea de poder encontrarse en el libro que se leía, qué tenía pensado leer para esa noche. Goran era ya también un sex symbol en nuestro país.

A lo largo de los años seguimos publicando con fidelidad su obra y su popularidad seguía creciendo. En una ocasión le pedimos un texto para nuestra revista, donde debía enlistar sus libros favoritos, y a su manera sumamente singular, el listado incluía la guía telefónica, pues de otra forma no podía hablar con sus amigos, y otros libros del estilo, que terminaba enlazando originalmente con las obras literarias que lo habían marcado.

Quisiera terminar esta despedida con una pequeña viñeta ocurrida el pasado septiembre, cuando después de varios años vino al Hay Festival a presentar Papel con sello de agua, primera parte de un ambicioso proyecto conformado por siete novelas. Al terminar su presentación en la Gandhi, cuando me acerqué a saludarlo, me pidió a través de Buba una disculpa por no haberme mencionado al principio entre la gente conocida que veía en el público, ni tampoco a mi madre, pues por estar concentrado en la presentación se le había pasado vernos. Le dije que no se preocupara, y le agradecí por haber estado como siempre entrañable, pues además contó una anécdota sobre cómo, cuando nos conoció en la Feria de Frankfurt, al ver a unos jóvenes desaliñados pensó que había cometido un gran error al confiarnos su obra, y veinte años después agradecía que Sexto Piso fuera su más fiel editorial. A los dos días, luego de haberme mandado con mi socio Felipe Rosete nuevamente disculpas y unas hermosas libretas serbias para mi esposa y para mi madre, recibí (en inglés) el siguiente correo:     

“Querido Eduardo:

No sé si Felipe te dijo: lo siento que en Gandhi, al principio del evento, no te vi ni a ti ni a tu madre. No lo hice con mala intención. Fue sólo por mi edad y mi emoción por el evento. Con cariño. Goran”.

Gracias por todo, querido Goran, te vamos a extrañar mucho. 


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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