La violencia informativa

Ciudad de México /

Cada tanto se recicla la discusión sobre si expresiones culturales que hablan sobre realidades violentas son causa o efecto de la misma. Es decir, si los corridos o series producen violencia, o si más bien son expresión que la recoge como una realidad ineludible, como se ha discutido por ejemplo con las películas de Tarantino. Sin embargo, donde creo que no hay ambigüedad es cuando medios de comunicación masivos (y los influencers se han convertido en algo del estilo) reproducen y legitiman discursos violentos y de odio, completamente ajenos a prácticas periodísticas, y más bien inscritos en prácticas relacionadas con la propaganda y, en el caso de los influencers , muy probablemente con el chayote. El que la semana anterior hayamos tenido ejemplos provenientes de medios teóricamente tan opuestos como sería por un lado el New York Times y por otro un deleznable personaje como Luisito Comunica (en cuyo canal de YouTube tiene 41.9 millones de seguidores) muestra hasta qué punto la actual realidad mediática masiva, ya sea proveniente de un medio con una larga tradición y rigor, o de personajes que venderían a su madre por conseguir monetizar un clic más, fomenta y legitima la polarización y los discursos de odio que luego tanto se padecen como parte de las noticias cotidianas.

Uno de los columnistas estrella del New York Times, Thomas Friedman, escribió una entrada de blog titulada “Entender Medio Oriente mediante el reino animal”, en donde utiliza comparaciones con distintos tipos de insectos para referirse a países de Medio Oriente, y confiesa que en ocasiones prefiere ver Animal Planet que la CNN para entender a la región. Y, como sería de esperarse, una vez trazada la analogía del enemigo con los insectos, se justifica racionalmente la aniquilación: “No tenemos una contraestrategia que mate con seguridad y eficiencia a las avispas (así denominó a los iraníes) sin prender fuego a la selva entera” (compuesta en este caso por Líbano, Yemen, Siria e Irak). Como ha sido ampliamente señalado, este tipo de retórica deshumanizante es la que se utiliza a menudo para justificar el genocidio. Que un medio como el NYT dé voz a este tipo de discurso no es sólo abominable en sí, sino que contribuye fuertemente a la propaganda que justifica el actual genocidio en tiempo real que atestiguamos en Gaza. Y este mismo NYT se desgarrará las vestiduras la próxima vez que Donald Trump utilice un término semejante al de su columnista estrella para referirse a los mexicanos, árabes, etcétera.

Y por otro lado el influencer Luisito Comunica publicó en su canal de YouTube un video en donde detalla las infrahumanas condiciones de castigo y tortura bajo las que viven los presos de las cárceles de El Salvador, asunto frente al cual muestra su beneplácito: “Me marcho muy impactado y con un extraño sentimiento de alivio. Yo que he visitado muchas cárceles y he documentado varias para el canal, da un sentimiento terrible de impotencia cuando visitas cárceles en las que criminales que han hecho cosas horribles viven como reyes. El poder apreciar estas condiciones y estas medidas en una prisión de máxima seguridad, brinda cierto sentimiento de empoderamiento a un simple ciudadano como yo”. 

Con discursos como estos, espetados desde lo que en ambos casos son hoy plataformas masivas, no hace falta buscar en la música o en el cine la incitación a la violencia. De ello ya se encargan muchos medios y personajes de la comunicación, incluido en este caso uno que supuestamente se encontraría entre los más serios y respetables.


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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