Nihilismo de la descarga

Ciudad de México /

En Joker, de Todd Phillips, Joaquin Phoenix desempeña brillantemente a un payaso con poco talento para hacer reír, cuya vida va cayendo en una espiral de trastornos mentales, revelaciones traumáticas sobre su pasado y tropiezos profesionales. Hasta que un día que lleva puesto el disfraz es atacado en el Metro y mata a sus ricos agresores en defensa propia, con lo que la imagen del payaso adquiere una carga simbólica por toda la ciudad, y se desata una suerte de alzamiento masivo de payasos que van sembrando el caos y la destrucción más a partir de la descarga de emociones que de ninguna otra cosa. En ese sentido, Joker retrata muy bien la preeminencia de las emociones, y la rabia en particular, como uno de los principales motores políticos de la actual época, como han descrito a nivel más teórico pensadores como Will Davies en su libro Estados nerviosos, o Renata Salecl en Angustia o El placer de la transgresión. 

En todos estos casos, contrario a la idea de que los individuos actúan en general de manera racional, lo que se pone de manifiesto es la prevalencia política del impulso y del expresarse y actuar guiados por la emoción colectiva del momento, o al menos la emoción de la tribu con la que cada cual se identifique. Por eso no es casualidad que en las sociedades actuales las fake news y la desinformación hayan adquirido un papel tan crucial, pues el hecho de que exista siempre un fragmento de información que se acomode a la emoción o estado de ánimo que ya existía de antemano ofrece una perfecta justificación para actuarlo con un sentido de justicia y/o superioridad moral. Lo de menos es la veracidad o considerar las complejidades de la realidad, pues la información que se utiliza para descargar el impulso es como un estribillo que se repite sin cesar, alimentando la rabia y ofreciendo una justificación perfecta para la misma.

Y lo que en particular Joker retrata de manera inmejorable es que a diferencia incluso del anarquismo, donde se planteaba la violencia como un medio para llegar al fin que era la sociedad sin estructuras, en la actualidad más bien se vive una especie de nihilismo de la descarga, donde más allá de algún tipo de programa o plan, el fin parece ser la adrenalina que produce la descarga misma y su repetición incesante. Y quizá por eso también la cada vez mayor brevedad de los ciclos noticiosos y el sinfín de reacciones airadas, que rápidamente mutan al nuevo fragmento informativo que genera otras reacciones airadas, y así sucesivamente. De modo que queda como ejercicio para la imaginación (o quizá para la secuela) pensar qué pasaría en Joker después de la épica escena final, donde el personaje de Joaquin Phoenix es aclamado a gritos por sus seguidores con máscaras de payasos, una vez que la euforia hubiera transcurrido y tuvieran todos que regresar a sus casas a continuar con sus vidas cotidianas. (Y si lo de los manifestantes disfrazados de payasos suena a un exceso de ficción, no hay más que recordar cómo iban vestidos con pieles y cuernos de búfalo los simpatizantes de Trump cuando asaltaron el Capitolio).

Pues no parecería haber ahí indicios de ningún proyecto más que el goce del impulso y la destrucción momentánea que se pueda generar. Así que quizá se dejaría muy a la mano la máscara de payaso para salir nuevamente a gritar a la menor provocación, en una suerte de mecanismo adictivo cuyo fin último es el propio mecanismo, y el alivio temporal que supone encontrar de continuo nuevas formas para su expresión. 


  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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