Los costos de la furia

Semillas de conciencia

Gabriel Rubio Badillo

Gabriel Rubio Badillo
tampico /

todo un debate ha generado el juicio en Estados Unidos del actor mexicano Pablo Lyle, acusado de homicidio involuntario por golpear a un anciano y tirarlo al suelo, generándole lesiones que lo llevaron a la muerte.

Por un altercado de tránsito donde Pablo ni siquiera iba al volante, y se metió al pleito de manera impulsiva.

Es increíble la rapidez con que un momento de furia puede arruinarnos la vida, toda una trayectoria profesional, y echar sobre los padres, la pareja y los hijos, una pesada losa de frustración e impotencia.

Probablemente este iracundo sujeto pensó que estaba en México; donde no pasa nada con las tropelías que hacemos, o que todo se arregla con dinero.

Tarde se dio cuenta que en la Unión Americana no opera la misma impunidad que en nuestro país; en donde muchos jueces venden su conciencia por unos pesos sin importar los muertos.

Muchos de sus compañeros actores se han solidarizado con él y no dudamos que tenga muchas cosas buenas como persona, ni se trata de crucificarlo como al peor ser humano.

Su intención por supuesto no era causarle la muerte al anciano; sin embargo no deja de ser un acto de prepotencia y cobardía, de abuso y de irracionalidad, haberse bajado del coche a golpearlo y después irse dejándolo tirado en el pavimento. Los errores cuestan; pero más que hacer leña del árbol caído, necesitamos aprender de este ejemplo y cuestionarnos de manera preventiva si nos gustaría terminar en una situación similar. Y todo a causa del mal manejo de la ira.

Unos segundos de locura y sin razón, no detenernos a meditar y a darle oportunidad a la corteza cerebral de evaluar nuestros impulsos originales, nos hace pagar elevadísimos costos de vida.

Tiempo atrás el abogado Jesús Hernández, en un acto de locura y cobardía, asesinaba a balazos a su pareja Yrma Lydia. Acabó en la cárcel tras un historial de violencia e impunidad. (Dicen las autoridades que acababa de morir en la cárcel pero nadie lo cree). Ejemplos de cómo las emociones en estampida nos pueden arruinar la vida, los hay en demasía. ¿Vale la pena acabar en los titulares de los diarios a causa de un tonto arrebato de furia? La educación emocional es la otra alternativa. _

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