La obsesión de la marcha

Uno hasta el fondo

Gil Gamés

Gil Gamés
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Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil se enteró de que Liópez Obrador canceló la reunión de la Alianza del Pacífico. El Legislativo peruano no autorizó a Pedro Castillo a asistir. Si Castillo no viene, nosotros vamos a Castillo. Gil no quiere imaginar la reacción de Gabriel Boric, presidente de Chile; Xiomara Castro, de Honduras, y Rodrigo Chaves, de Costa Rica. El gobierno mexicano había invitado también a Alberto Fernández, de Argentina, y a Lula da Silva, presidente electo de Brasil. Como si los presidentes y las presidentas no tuvieran nada qué hacer ni se ocuparan de complicadísimas agendas, Liópez suspendió la reunión. ¿Cómo la ven? Dicho esto sin la menor intención de un albur diplomático.

 ¿Con qué limpiamos el tiradero de esta decisión insólita, Presidente? Con el trapeador de la marcha, faltaba más. Como si no tuviera que hacer cosas importantes, el Presidente lleva días dedicado a anunciar la marcha del 27 de noviembre. Una extraña pasión lo domina: reunir gente que lo aclame, masas que lo adoren incondicionalmente.

Gil puso atención: no se trata de una marcha en respuesta a la manifestación en favor del INE, no, se equivocan, conservadores, caminaremos porque estamos felices por la transformación. Es que deveras. Jesús: reparte chupones y sonajas, sin austeridad.

En el Metro

Gil lo leyó en su periódico El Universal en una nota de Salvador  Corona y Omar Díaz: En las instalaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro apareció misteriosamente propaganda  de la marcha que encabezará el Presidente: “Celebremos con el Presidente cuatro años de transformación. 27 de noviembre 9:00 horas en el Ángel de la independencia al Zócalo”. ¿Pues no que no queríamos acarreados? Dinero público, propaganda desde la jefatura de Gobierno. Y eso sin contar la gran cantidad de dinero que gastarán para traer en camiones a contingentes de los estados de la República. El paraíso de una ilegalidad que empieza desde muy temprano en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. Les va a salir muy bien su marcha organizada con dinero, operadores, activistas, estrategas y grandes contingentes, todos organizados  desde el gobierno. Gilga se devana los sesos: ¿desde cuándo no se organizaba una gran concentración del gobierno? Ayuden a Gilga: ¿López Portillo? Ah, el viejo priismo nunca muere, ¿será eterno?

Bajo tres palos

El tren bala japonés

Once japoneses jugaron como si fueran germanos, abordaron el tren bala y dejaron en jirones a la ideología alemana.  En el minuto 11 del juego, Japón había llegado en dos ocasiones a velocidad de vértigo al área enemiga, un vaticinio. En el minuto 30, el portero Gonda se volvió loco y cometió un penal absurdo. Gündoğan, medio finísimo del Manchester City, no ha fallado  un penalti desde que tenía seis años: uno para Alemania, y parecía que destruirían Tokio, pero la leyenda oriental  de la paciencia destructiva se hizo cargo del asunto.

Cuando los alemanes incendiaban el área japonesa jugando por el centro y abriendo fuego a mansalva, en el minuto 75, Takuma Asano empató el juego. Neuer y Gonda sacaban castañas del fuego. Al final, un gol mágico de Asano. Japón había dado un curso de milagros y los alemanes se inscribieron en él y aprendieron que en futbol nada se gana sin pisar el pasto de las canchas.  El entrenador Hansi Flick fingía serenidad, pero una tormenta de alemanes desesperados ocupaba su alma teutona.

Unas horas después, España hizo pedazos a Costa Rica y le dio veneno en cucharadas: 7 a 0. Pobre Keylor Navas, le cayó la negra noche. Gil no se perderá el juego Alemania contra España. Aunque el tren bala sorprendió a los alemanes,  Gamés vio una selección finísima, fuerte, de ataques incendiarios. Gilga no se pierde ese encuentro por nada del mundo.

Román Revueltas sabe de futbol, por eso Gil no desestima su propuesta de que Bélgica avanzará hasta el borde de la cima. Derrotaron por uno a cero a Canadá, que ha presentado un buen equipo ante los ojos envidiosos de Gil. Y no sólo se refiere al diablo Davis y los goles de Larin, el equipo juega en diagonales y culmina con centros peligrosos para remates asesinos. Sin brillo, un tanto insípidos, los belgas han metido tres puntos en sus alforjas.

Todo es muy raro, caracho, como diría Antonio Gala: “Al poder le ocurre como al nogal, no deja crecer nada bajo su sombra”.

Gil s’en va

Gil Gamés

gil.games@milenio.com

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