Marea rosa

Ciudad de México /

El domingo el Zócalo amaneció dividido por vallas metálicas. Los rufianes de la Coordinadora movieron el plantón, pero no abandonaron del todo la plancha donde ocurrió la gran concentración de la Marea Rosa. Por esas coincidencias que le ponen a Gamés los pelos de punta, la decisión de la Coordinadora le cayó “como anillo al dedo” presidencial. Así le llaman al descarado trabajo negro contra la oposición y su candidata: coincidencia, mju. Martí Batres mandó cerrar muchas de las calles que permiten el acceso al Zócalo: “un operativo de seguridad”.

Mientras los asistentes a la marcha buscaban como llegar al punto de reunión, los violentos integrantes de la Coordinadora cerraron la calle 20 de Noviembre. Al final el número de la concentración se impuso y borró el campamento de la Coordinadora y también la intención del Presidente de impedir el libre tránsito para ocupar un lugar en el acto en Defensa de la República.

Como si fuera suya y la hubiera comprado en una tienda de artículos ornamentales, Liópez permitió que el ejército izara la bandera nacional. Como sea, detrás de la muralla de acero que protege Palacio Nacional andan preocupados. Todo esto, medita, Gilga, son formas de lo que llaman elección de Estado: dinero público utilizado para hacer campaña a favor de Sheinbaum, el Presidente como activista número uno de la campaña de su candidata, los líderes sindicales arrodillándose ante el Presidente, el gobierno de la ciudad puesto al servicio de Morena y sus candidatos, gobernadores aceitando la máquina del dinero para la compra de votos el día la elección.

La multitud rosa

Gil vio cómo todos los estorbos del oficialismo fueron insuficientes para reunir a a una multitud, los organizadores calculan un millón de personas. Martí Batres y sus empleados aseguraron que asistieron 95 mil personas. Es que de veras. Gamés no diría que más participantes que en las dos marchas anteriores, más bien una multitud que se suma a esas concentraciones. Gilga es de los que cree que en este momento es irrelevante si en la Marea Rosa deben participar partidos o no. Le parece relevante en cambio la plataforma de la oposición y la elección que viene. A la hora en que se juega el futuro de México, lo que suma no resta (¿cómo ven a Gil en el intento de escribir como un articulista de fuste y fusta?). De paso, Gamés recuerda en esta página del fondo la máxima de Albert Camus, que algo sabía de reflexión y participación política: “la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas”.

Mientras observaba a la multitud, Gilga pensaba en la Ciudad de México. Brugada debe estar muy preocupada. Hasta el Presidente ha dicho que a esta ciudad la habitan “fifis”, como si pensara que se acerca una derrota de Morena.

Desde 1997 gobierna la izquierda, o lo que sea, al a ciudad. Todo indica que la alternancia toca a las puertas de edificio del Ayuntamiento. Y Gamés no olvida que desde la Ciudad de México creció el movimiento que llegó a la presidencia de la republica en 2018.

El discurso

Gil lo dice rápido: la pieza oratoria de Xóchitl Gálvez le pareció magnífica: contra el autoritarismo y la mentira. “Antes que partido tengo Patria, antes que partido tenemos democracia y antes que partido tenemos México. México es primero”. Así sacó la candidata al bulto de la barranca: partidos o ciudadanía. La lírica del discurso, buena, incluso emocionante y bien tramada. “Vida, verdad y libertad”, el centro nervioso del discurso.

La candidata se dirigió también a los agraviados y ofendidos por Liópez durante más de cinco años. A las feministas, integrantes de la comunidad LGTB, periodistas, artistas y científicos perseguidos. Gálvez atrajo así al futuro: “Opresión o libertad”. Llamo a los mexicanos del porvenir y dijo: “respondimos al llamado de la Republica para defenderla”. Gálvez propuso: derrotar al autoritarismo, defender la bandera de todos los mexicanos, acabar con enfermedad odio y tristeza.

Todo es muy raro, caracho, como diría Einstein: “La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. 

Gil s’en va


  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
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