Carlos Urzúa

Ciudad de México /

Como muchos mexicanos, confirmé la fama de rectitud profesional y honestidad política de que gozaba Carlos Urzúa cuando renunció a la Secretaría de Hacienda del presente gobierno, en una carta donde explicaba meridianamente sus razones.

Mi admiración creció cuando lo vi cruzar la línea de las responsabilidades de funcionario público a las de ciudadano crítico, para escribir en la prensa y ofrecer a sus lectores lo mejor de su conocimiento en una materia difícil, intelectualmente compleja y burocráticamente llena de escondrijos, como son las finanzas públicas.

Escribió siempre con un tono temperado pero apuntando a hechos y riesgos graves. Daba en el blanco una y otra vez, sin adjetivaciones ni alardes.

Decidí acercarme a él personalmente cuando escribió en uno de sus artículos que este gobierno heredaría al siguiente un cartucho de dinamita encendido en materia de finanzas.

Le pedí que desarrollara ese tema en un ensayo más largo para Nexos, que se publicó en diciembre pasado. Se llama precisamente “El cartucho encendido” y puede leerse en el sitio electrónico de la revista.

Una pequeña comedia de equivocaciones con nuestros respectivos correos electrónicos, nos permitió burlarnos un poco de nosotros mismos antes de cerrar el trato, en un ambiente de cordialidad que nos llevó a pactar una comida.

La tuvimos en La Taberna del León y entonces descubrí al Carlos Urzúa encantador, lleno de historias, profundamente preocupado y a la vez optimista respecto al vigor de México para sobreponerse a la herencia que iba a recibir.

Luego anunció su entrada al equipo de Xóchitl Gálvez. Me sorprendió al principio pero me pareció lógica después, porque Urzúa no estaba huyendo de nuevas responsabilidades, sino buscando un lugar donde ayudar a corregir lo que veía mal.

Me impactó su muerte. Creo que yo empezaba con Carlos Urzúa una cosa difícil de obtener: una amistad iniciada en la tercera edad. Voy a extrañar a ese amigo que había empezado a tener.

Creo que lo van a extrañar también sus lectores, lo va a extrañar la oposición, y lo extrañará la vida pública de México, que pierde en Urzúa un foco potente de inteligencia, integridad y sabiduría.


  • Héctor Aguilar Camín
  • hector.aguilarcamin@milenio.com
  • Escritor, historiador, director de la Revista Nexos, publica Día con día en Milenio de lunes a viernes
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