El Manubrio

Encrucijada periodística

Héctor Zamarrón

Una pandemia de proporciones épicas —no vista en un siglo—, un cambio tecnológico acelerado, pero, sobre todo, un nuevo tipo de conversación pública tienen a los periodistas ante una gran oportunidad, pero también al borde del desastre.

Estos son días difíciles para todos y por eso los periódicos, las televisoras y los periodistas no hemos sido la excepción. Como el resto de la sociedad, hemos sufrido la epidemia, la diferencia es que la crisis de los medios viene desde más atrás y ahora solo se hizo más visible.

El confinamiento masivo, la paralización de la economía y el miedo al contagio han provocado una paradoja: el consumo de noticias ha aumentado por el interés del público en saber lo que sucede con la epidemia de SARS-CoV-2, pero al mismo tiempo ha crecido la desconfianza en los medios tradicionales.

Sin anunciantes, sin kioscos abiertos y sin ciudadanos en las calles, los diarios se venden menos, pero el costo de producirlos no disminuye. Muchas redacciones de plano migraron a ediciones solo en PDF, otras tuvieron que disminuir páginas o recortar personal. Situación similar se ha vivido en televisoras, estaciones de radio y hasta en portales digitales.

Lo más grave, no obstante, es no entender el cambio de conversación pública y los nuevos espacios informativos que han hecho florecer a las redes sociales, territorio a la vez de la desinformación, los hechos alternativos (“yo tengo otros datos”) y las fake news.

Y aunque en el espacio digital parezca que todos los gatos son pardos, la lógica de cada red social es distinta y como medios debemos aprender a conocerlas y a participar en ellas.

El riesgo es abandonar la plaza cuando de nosotros se espera una mejor tarea. No es fácil, en estos días hemos visto a periodistas encumbrados, con millones de seguidores, que son repudiados por grandes audiencias que les reclaman sus errores al pretender ganar primicias con información errónea o por completo falsa.

También el Presidente se equivoca cuando habla de las redes sociales y piensa solo en los youtubers, porque en rigor el nuevo espacio público digital sí está en YouTube, pero solo como plataforma de difusión, pues ni YouTube ni Facebook permiten la interacción ni el debate abierto como sí lo hace Twitter.

Y aunque Facebook tenga más carácter nacional (no hay mexicano que no esté, haya estado o vaya a estar ahí), Twitter se ha convertido en una nueva esfera pública donde se hacen anuncios, se emprenden juicios, se hacen revelaciones, se rinden cuentas.

Facebook es un gran espacio para la información local, aunque no para que sus periodistas o redacciones logren que sus medios sean rentables. En cambio, los mexicanos que estamos en Twitter somos especialmente politizados, como bien señaló el titular de la Agencia Digital de Ciudad de México, José Merino.

Twitter también es un espacio fértil para que florezcan los bots y las campañas negativas, y quién más se ha quejado de ello es el presidente López Obrador, tanto que invitó al director de Twitter México a participar en una de sus conferencias mañaneras; quizá lo veamos en los próximos días.

Si no entendemos estas nuevas lógicas y no participamos en ellas, como periodistas estaremos camino al desastre.

hector.zamarron@milenio.com
Twitter: @hzamarron

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