El viaje de Breton

Ciudad de México /

“México es el país más surrealista del mundo. No intentes entenderlo desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo”, esta contundente frase es de André Breton, el padre del surrealismo, que en 1938 estuvo en nuestro país.

Durante su estancia de cuatro meses viajó por Nuevo León, Michoacán, Jalisco y Ciudad de México, y conoció a algunas de las figuras capitales de la vida cultural y política de ese entonces, entre ellos Diego Rivera, Frida Kalho, León Trostky...

Hoy esa experiencia es el pretexto para un montaje alucinante, divertido, pintoresco… surrealista pues, titulado simple y directamente El viaje de Breton, con el que la compañía Teatro sin paredes celebra los 100 años de la publicación del Primer manifiesto surrealista, lanzado por Breton en 1924.

Breton llegó a México el 18 de abril y casi al final de su estancia en nuestro país, el 25 de junio, presentó en el Palacio de Bellas Artes su ponencia Perspectivas del surrealismo, y es precisamente esa conferencia la que sirve de punto de arranque para esta puesta en escena concebida y dirigida por David Psalmon, quien como Breton nació en Francia y muy probablemente, como aquél, también se haya enfrenta a una nación tan “singular” como la nuestra.

El mismo Psalmon aclara en el programa de mano que “si bien este espectáculo se inspira en un hecho real y hemos realizado un trabajo de investigación previa, entre otros gracias el preciado estudio de Fabienne Bradu titulado André Breton en México, no pretende dar fe de lo que fue verdaderamente el viaje de Breton en México. No es más que un pretexto para dar rienda suelta a los imaginarios. Si bien, a lo largo de este viaje teatral quimérico, Breton se encontrará con personajes históricos que conoció realmente, la naturaleza de sus encuentros es totalmente imaginaria. Por otro lado, tomamos la libertad de hacer coincidir personajes que no pertenecen a la misma época pero que, de alguna forma, están conectados (voluntariamente o no) con el surrealismo”.

Como se ve, no se trata de una propuesta histórica, documental, sino de un divertimento que toma la realidad como un trampolín para lanzarse a nadar en aguas impredecibles, y no por turbulentas o peligrosas, sino por sorpresivas, insospechadas, creativas, innovadoras, irreverentes, propositivas, oníricas…

La dramaturgia de Guillermo León lleva a Breton a singulares encuentros con mariachis, luchadores, políticos, periodistas, traductores, poetas, y hasta ídolos prehispánicos, a todos ellos quiere explicarles qué es el surrealismo, para que se adhieran a este movimiento, para descubrir al final que aquí “cuando él va, nosotros ya regresamos… varias veces”.

Todo el montaje es realmente un homenaje al surrealismo, lleno de guiños divertidos y sorpresivos en cada escena. Al muy bien logrado texto, hay que sumarle una escenografía llena de hallazgos, diseñada por Sergio López Vigueras, al igual que la iluminación. El vestuario de Mario Marín del Río también es esencial para crear los variados y singulares ambientes que se requieren.

A ellos hay que sumar el buen trabajo de Héctor Cruz Juárez (videoarte y dispositivo multimedia) y de Daniel Hidalgo Valdés y Francesc Messaguer (música original).

El montaje es, en verdad, alucinante. ¡Surrealista! Y es el marco perfecto para que los actores hagan magia en escena.

Ocho son los actores que interpretan los 36 personajes, de manera genial, pues más allá de la buena caracterización de vestuario y maquillaje, hay que aplaudir el trabajo histriónico: ¡E-S-T-U-P-E-N-D-O!

Ellos son: Bruno Mestri, Beatriz Luna, Roam León, Erwin Veytia, Lou Best, Itzel Tovar, Jorge Maldonado, y David Psalmon. Bravo a cada uno de ellos; y a todo el equipo de producción, pues no sólo es una obra divertida y creativa, sino con un montaje nada fácil del que todos deben estar muy orgullosos, pues a los ocho actores en el escenario hay que sumar otra veintena de personas en cada una de las áreas vitales para una puesta en escena de estos tamaños.

Así como lo fue para André Breton, espero que para David Psalmon, nuestro país sea ese pozo inagotable de surrealismo, y lo tengamos muchos años más entre nosotros ideando, dirigiendo y actuando en maravillas escénicas como ésta.

El viaje de Breton se presenta en el teatro Julio Castillo, de la Centro Cultural del Bosque, atrás del Auditorio Nacional, con funciones jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 y domingos a las 18 horas, hasta el 14 de abril; y una función extra este lunes 8 de abril a las 20 horas.


  • Hugo Hernández
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