El viaje del corazón

Ciudad de México /

Tímidamente se escucha una voz infantil que responde desde la sala. La pregunta lanzada al aire es: ¿cuál es el mayor invento que ha habido en la historia?

Una vez que se animó el primero, las voces empiezan a multiplicarse aquí y allá y si bien predominan los niños, también algunos adultos se animan a lanzar su propuesta.

Éste es uno de los momentos iniciales de El viaje del corazón, “una obra donde se muestra la importancia del vínculo entre padres e hijos”, como bien lo subraya la información de prensa que distribuye la siempre activa Sandra Narváez.

Y sí, ésta es una descripción perfecta para un montaje realmente estupendo en el que tanto en el escenario como entre las butacas se habla, se apoya, se impulsa la relación filial.

Inspirados por la novela Ícaro en el corazón de Dédalo, de la italiana Chaira Lossani, los integrantes del colectivo Salsipuedes, crearon este espectáculo que a partir del mito griego se detiene en ese tema capital que es precisamente los múltiples nexos que unen a un menor con su progenitor.

Dirigido por Ireli Vázquez éste es un montaje que apuesta por la inteligencia de su público, pues tiene diversos niveles de lectura y abre una permanente participación con los espectadores.

Como bien se sabe, según la mitología griega, Ícaro es hijo de Dédalo, arquitecto y constructor del laberinto de Creta, juntos fueron retenidos por el rey Minos en esa isla. Para escapar, Dédalo fabrica unas alas a base de plumas y cera, y enseña a su hijo a volar; sin embargo, fascinado por la experiencia, Ícaro alcanza un vuelo muy alto y el sol derrite la cera que mantenía unidas las plumas, entonces cae al mar.

En El viaje del corazón no sólo se representa esta anécdota, sino que se habla del papel de los actores, de su función; asimismo se reflexiona sobre la relación filial, y otros temas en los que los espectadores toman parte.

Por ejemplo, en un determinado momento se pide a dos pares de espectadores (padres e hijos) que pasen al escenario para ayudar en el montaje. Curiosamente en la función que vi, quienes subieron fueron puros hombres; y es curioso porque hasta hace algunos ayeres los espectadores masculinos eran menos (o casi nulo) participativos.

Dirigida por Ireli Vázquez, los integrantes de Salsipuedes explican que “la obra nace de la necesidad de cada uno de los integrantes por indagar en la naturaleza de la relación entre padres e hijos. El punto de partida es el mito de Ícaro y Dédalo. El viaje a través de la memoria, el presente, la ficción y la realidad lo hemos recorrido juntos y hemos construido con corazón este texto que queremos compartir con el público.”

La directora comenta: “es urgente reaprender a amarnos, a vincularnos sin miedo entre nosotros y con nosotros mismos, tomar la responsabilidad del cuidado y abrazar el momento presente, mirar a los ojos a nuestras relaciones y permitir reconocernos desde la verdad, seguramente no será un viaje sencillo, pero vale la pena el intento porque creo que solo así, lograremos derrumbar los muros de nuestros propios laberintos.”

El elenco está conformado por Diana Becerril y Erwin Veytia, quienes brillan enormemente, y se apoyan en un trabajo sólido de un amplio equipo creativo: el diseño de iluminación es de Abimael Méndez; objetos y espacio son de Raúl Mendoza; en el diseño sonoro y la música se encuentra Alina Maldonado Pinturas; dibujos y diseños de alas Eduardo Rojas; Acuarela, Pilar Hinojosa; y video Daniel Cuevas y Mauricio Novelo.

El viaje del corazón cierra su temporada este fin de semana en el Teatro El Granero, del Centro Cultural del Bosque, con dos últimas funciones: sábado y domingo a las 13 horas.


  • Hugo Hernández
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