La ternura

Ciudad de México /

Os voy a contar un cuento que os atrapará de principio a fin. Se trata de una deliciosa historia, que bien podría definirse como un exquisito postre y que por tanto se antoja degustar a plenitud.

Helo aquí: A una isla “desierta” en la que habitan tres hombres que “odian” a las mujeres, llegan mágicamente tres mujeres que “odian” a los hombres; y entonces...

Equivocaciones, disfraces, trucos, magia, hechizos, engaños, pócimas, carreras, elíxires, naufragios, islas encantadas, lucha de sexos, y amor, mucho, mucho, mucho amor… son algunos de ingredientes de esta historia, titulada La ternura, que recientemente se estrenó, y que tiene todo para satisfacer hasta al paladar más exquisito.

Escrita por Alfredo Sanzol, La ternura es un divertimento escénico que retoma la estructura de las comedias del teatro isabelino --especialmente las escritas por Shakespeare—y que son el trampolín desde el que se impulsa el autor para ofrecer una comedia actual, vigente, que reivindica cada uno de los temas de hoy como la inclusión, la igualdad de géneros, la defensa de los valores femeninos, el surgimiento de nuevas masculinidades, los logros LGBTQ+, la defensa ecológica, la medicina tradicional y hasta el boom del arte culinario.

Estrenada en 2017 en Madrid, donde sigue en temporada, esta obra es un ejemplo contundente de la maravilla que es el teatro, que requiere de solo tres elementos vitales: UN alguien que tenga algo importante qué decir, UN alguien que quiera escucharlo; y eso ALGO que los una.

El texto de Sanzol es realmente brillante, inteligente, ingenioso, agudo, atrevido, propositivo, reflexivo, y divertido, realmente divertidísimo. Es de esas obras que no hacen concesiones, que confían en el público, y le entregan todo sin escatimar o limitar nada.

Así lo ha entendido Benjamín Cann, el director de escena, quien logra “lo más con lo menos”, en un montaje minimalista para el que la palabra genial se queda corta.

Viendo La ternura, vienen a mi mente otros montajes dirigidos por Cann, como Pareja abierta, Muertos de la risa, soplando velas en el infierno o por qué no te arreglas ese diente, o más recientemente El cuerpo en que nací, en los que se pudo hallar ese mismo estilo directo, sencillo, que invita, incita, orilla al espectador a sumarse para construir juntos el montaje. Y en La ternura esa “complicidad” se logra al máximo.

Los poco más de 90 minutos que dura la función se pasan como un pestañeo, en el que el espectador transita de la sonrisa a la carcajada, de la nostalgia al arrobamiento y hasta el llanto, para estallar en aplausos --algunos incluso a mitad de las escenas--, para terminar en una estruendosa ovación de pie, acompañada de vivas y bravos.

Para lograr la “sencillez” del montaje Benjamín se apoya en un equipo de creativos estupendo: Estela Fagoaga, diseño de vestuario; Emilio Zurita, diseño de escenografía; Cinthia Muñoz, diseño de imagen; María Vergara, diseño de iluminación; Alberto Campuzano, diseño de audio; y Paola Nallely Palacios García, utilería.

Un trabajo redondo puesto al servicio de un ELENCO SENSACIONAL, así con mayúsculas, negritas, cursivas y subrayado. De verdad no exagero, cada uno de los seis actores está estupendo: Alejandro Calva, Mónica Dionne, Arap Bethke, Carla Medina, Pierre Louis y Luisa Guzmán Quintero.

De Alejandro y Mónica lo que hay que decir es que están una vez más a la atura de sus muchísimos trabajos previos: realmente divertidísimos; Carla y Arap, a quienes todo mundo ubica por sus múltiples actuaciones televisivas y en series, dan aquí un salto cuántico en trabajo histriónico teatral; en tanto que Luisa y Pierre son un enorme “descubrimiento”, y lo entrecomillo porque aún con su evidente juventud ambos tienen ya una sólida y versátil carrera.

Y hablando de versatilidad, hay que aplaudir a Morris Gilbert quien a lo largo de casi medio siglo (cuenta él que está ya en su año 49 como productor), no deja de sorprender. Una vez más se atreve a llevar a escena una propuesta distinta, novedosa, y a armar un equipo artístico magnífico.

A esto hay que añadir el apoyo de Gilbert a nuevas generaciones de actores, creativos y de gente de producción. Baste mencionar que el productor ejecutivo de La ternura, Max Antúnez, es jovencísimo.

Leo en el programa de mano un texto en el que el autor plantea que su objetivo eera lograr una comedia romántica de aventuras que plasme la imposibilidad de protegernos del daño que produce el amor, “porque si queremos amar nos tenemos que arriesgar a sufrir. Ni siquiera los padres pueden proteger a los hijos del sufrimiento de la vida, porque eso pone en peligro la vivencia de una vida plena”.

Y explica que la bautizó como La ternura “porque habla de la fuerza y de la valentía para amar. La ternura es la manera en la que el amor se expresa. Sin ternura el amor no se ve. La ternura son las caricias, la escucha, los pequeños gestos, las sonrisas, los besos, la espera, el respeto, la delicadeza. Una sociedad sin ternura es una sociedad en guerra”.

La ternura es de verdad una joya, y para terminar le tomaré prestada esta frase al periodista Álvaro Cueva: “Hágase un favor y corra a verla”.

Se presenta en el Nuevo Teatro Libanés de viernes a domingo.


  • Hugo Hernández
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