Crónicas urbanas

Arte para el rostro contra la pandemia

Humberto Ríos Navarrete

Siempre sonríe. Este gesto, concentrado en sus pupilas donde la luz solar produce un brillo de tonalidad miel, la acompaña como artista plástica, cuya formación principal ha sido la pintura figurativa. Y en la búsqueda de medios de expresión, agrega Alexiara Cué, se une la fotografía y “quizás” el Arte Objeto. Ahora, en su reciente iniciativa, acorde con los tiempos, nació lo que podría inscribirse en arte utilitario.

Su nombre: Arte para el rostro.

El diseño de mascarillas con figuras al óleo e impresas en disímiles trozos de tela, surgió como diversión, igual que todos sus proyectos, pero esta vez, además, lo hizo para romper la uniformidad y saturación de cubrebocas, precisa Alexiara, para quien el claroscuro en su obra, “más que un recurso estético y un simbolismo, toma un papel de personaje”.

El diseño de mascarillas pintadas con figuras al óleo e impresas sobre diferentes lienzos y texturas, surgió como una forma de divertimiento, pero también para romper con la uniformidad del cubrebocas

Un personaje que no busca generar respuestas, sino preguntas; es decir, “una mirada hacia el interior y el contraste que existe dentro de uno mismo, los recuerdos escondidos con su luz y oscuridad y sus infinitos rincones”. Es la definición de un estilo que se percibe en los cuadros de su estudio, en la colonia Roma, junto al proceso de fotografías de gran tamaño.

Y como la búsqueda es infinita, “y la necesidad de reconstruirme y divertirme siempre está presente –explica-, uno de mis nuevos proyectos no sólo es interdisciplinario, sino que también ha sido el resultado de una exploración interna y estética que vino a cambiar muchas cosas en mi obra; por supuesto, sin perder su fuerza emocional y contundencia”.

Entonces llegó el maldito virus que obligó a quedarse en casa y que a la mayoría mantiene en guardia.

La artista, como la mayoría, pensó que el covid-19 duraría pocos meses, pero no: llegó para quedarse.

“Todos encerrados y sin posibilidad de contacto con otros mientras varios planes se caían más allá del suelo”, reflexiona.

—Y qué pensaste.

—Pues que algo saldría mientras me ponía a preparar y a hacer experimentos en la cocina; entonces recordé viejos sabores de las abuelas y la madre, y comencé a elaborar antojos y platillos inventados por mí, ja, ja.

Y en eso estaba cuando reflexionó sobre el uso del cubrebocas, ese pedazo de tela con el que se perdía identidad y producía ingente cantidad de basura, de modo que armó diseños que servían para protegerse y al mismo tiempo divertirse, lucir, lavar y reusar.

Alexiara escribe:

Con todo esto encima, resulta que debemos tapar nuestro rostro con cubrebocas, tapabocas o mascarillas -como cada quien quiera llamarles- para salir y protegernos de este virus canalla.

Apenas encontraba unos feos e incómodos de farmacia, que cada vez que hablaba se me iban subiendo hasta que me picaban el ojo o se me bajaban hasta la rodilla por el resorte tan grande.

Cuando llegaba a salir, muy de vez en cuando veía a alguien con uno más interesante en la calle, de tela y además negro. Esos me hacían ojitos (los tapabocas, no las personas), así que fui en su búsqueda con todo el cuidado del mundo. Qué impresión: casi todo cerrado y desolado.

Como apenas había materiales para hacer los cubrebocas, muy al principio eran sólo un cuadrito de tela sin forma ni nada, ya después encontré unos más fashion, cómodos y con una tela adecuada que protegiera.

Finalmente pude conseguir uno más bonito, negro, modernón… pero algo le faltaba, no me convencía del todo y no sabía qué era.

¡Lo que faltaba era mi rostro! Mi carita se había perdido tras esa cosa negra y sólo se veían mis lindos ojitos. No es que me importara tanto, pero la verdad no quería ser una más por ahí sin unicidad.

Decidí personalizarlo, no sólo para recuperar mi identidad, sino para expresarme y, sobre todo, también divertir y divertirme sacando algo de humor dentro de lo malo que estábamos pasando. Me hice uno pintado a mano con óleo, para poder lavarlo seguido.

En cuanto al tema, decidí hacer un diseño original arte pop basado en Lichtenstein y versión covid (tiene pintados unos covid y un aerosol destruyéndolos) a los cuales digo que incluyen su “císcale diablo panzón”.

Este diseño lo mostré en mi página privada de Facebook en el mes de abril del 2020 por pura diversión y resultó que muchos de mis amigos empezaron con que ya querían uno también. ¡Wow, no esperaba eso!

Mi idea era hacerlos para mí y mi familia, no había pensado que tantos se interesaran. Una amiga que vive en Canadá (Sadday Zivec) me escribió al ver el post porque no sabía si los estaba vendiendo o no, y que de ser así, quería darme unos tips de marketing y promocionarlos.

Le dije que no lo había pensado, pero que si ella pensaba que sería buena idea, a lo que me contestó que se venderían muy bien. Así que ella me dio varios consejos invaluables, e incluso tomé alguno de sus cursos gratuitos de emprendimiento y demás cosas en línea (me falta implementar varios de sus consejos, je, je).

Así que entre ella y mi hermana me impulsaron mucho desde un principio para empezar a pintar más y comenzar una nueva aventura.

Tenía varias cosas en mente: la cantidad de basura que se iba a generar con las mascarillas desechables, lo incómodas y feas que eran, qué materiales eran adecuados para proteger y aún así tener comodidad, la pérdida de identidad y la tristeza de la gente con todo lo que estaba pasando.

Pensé que yo podría contribuir con mis habilidades, aunque fuera un poco, y a pesar de todo generar algo de risa y buen humor, a recuperar la identidad perdida, ayudar a expresarse o nada más levantar el ánimo por traer algo que les guste. Todo esto sin perder la protección necesaria y además utilizando algo que cuida al planeta al no generar tanta basura.

Así es que me puse a pintar varios cubrebocas Arte Pop que llamé Lichtensteinianos, porque eran diseños originales pero basados en su obra. Después se me ocurrían otros artistas y nuevas versiones divertidas y el nombre debió irse modificando, hasta que finalmente los llamé, como diría René Magritte, “Estos NO son cubrebocas… son Arte para el rostro” y finalmente quedaron en “Arte para el rostro”, para simplificar, ya que en realidad son cuadros que se utilizan en el rostro.

Así comenzaron los pedidos de los diseños que yo ya hacía y también de algún diseño que alguien más quería. Soy tan afortunada por los amigos que tengo, que tuve la colaboración de un amigo que es un músico extraordinario (Emmanuel Ortega) con un tapabocas “musical”.

A un año, ya casi inundo a mis amigos con mis cubrebocas, e incluso a desconocidos. Los diseños que he hecho para niños me han llenado de ternura y, según me cuentan sus padres, son ellos quienes los quieren estrenar y usar enseguida; es una manera más de que los chiquitines se los pongan.

Otra anécdota es de un pedido especial en que me pidieron copiar el dibujo de un niño de 5 años en su propio cubrebocas chiquito. Uf, fue una maravilla copiarlo; era una mamá Chita con sus bebés.

En alguna ocasión, alguien me pidió unos tapabocas impresos con unas fotografías mías que vio en una exposición que tuve hace unos años y le gustaron mucho. Eso fue un gran honor para mí. Hasta una chocolatería llamada Timbal de azúcar llegó a hacerme varios pedidos el año pasado. Ha habido diseños fáciles y otros muy complicados.

Hay de todo.

La artista, egresada de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ENAP, con especialidades en San Carlos, tiene tres líneas diferentes:

Platinum, con tres capas de tela con bolsillo interior para usar filtro de carbono removible, ajuste en nariz, más escotado en pómulos para que no estorbe con los lentes ni los empañe y con su bolsa tipo filtro. “Estos son pintados a mano y mandé a hacer el diseño como lo quería”.

Golden, también pintados a mano, pero con tela de una capa o una capa más dry fit por dentro.

Silver: tela con dry fit interior, impresos con los diseños originales de los otros o algún pedido especial.

“También dentro de esto de los tapabocas se coló un personaje muy irreverente, políticamente incorrecto, rebelde, chistoso y buena onda llamado Mostro”, comenta. “Es un personaje caricaturesco pseudo infantil (sólo de estética) que hago desde la secundaria o preparatoria”.

Hasta ahora lleva alrededor de 200 mascarillas.

Y así, la creatividad florece en un estudio de la colonia Roma, donde surgió la idea de hacer más llevadera la pandemia con mascarillas de diseños bautizadas como Arte para el rostro.

Humberto Ríos Navarrete

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