Bienvenidos a México

Mitos y Mentadas

Jacques Rogozinski Schtulman

Jacques Rogozinski Schtulman
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WASHINGTON, DC. Acabamos muy bien el año y empezamos todavía mejor el 2022. Bienvenidos a México. En las últimas semanas he escuchado de personas viajando desde distintos países y por varios puertos de entrada al país, quejándose sobre cambios en las políticas migratorias mexicanas para extranjeros. Son bien conocidas las quejas de parte de los sudamericanos, en particular con turistas y viajeros colombianos que tienen que pasar por el famoso “cuarto” de revisión y que a menudo terminan en deportaciones, por algunos consideradas ilegales. Estas anécdotas están creciendo lentamente y en forma sostenida. En mi último viaje a Colombia en noviembre, una persona en un alto cargo en la administración pública colombiana que viajaba con su hijo de meses de nacido, por turismo y con suficientes recursos, me contó muy molesta que estuvo detenida en el aeropuerto de la Ciudad de México por casi 15 horas. Y qué decirle sobre esto: ¿Chequeos de rutina?

De estas penosas anécdotas ya no solo se escuchan de parte de sudamericanos. Ahora también las escucho aquí en Washington, DC. Por años, al igual que en Estados Unidos, el período de permiso para permanecer en el país como turista era de 180 días. Ahora en México, están otorgando permisos por períodos mucho más cortos, inclusive de 10 días, muy por debajo de lo acostumbrado. Unos antiguos colegas me comentaban con mucha molestia que debieron pagar cambios en sus vuelos porque el permiso otorgado era menor a la estadía que tenían programada de tres semanas ¿Qué tal algo así como anécdota de vacaciones?

Problemas migratorios no es nada nuevo. Es conocida por todos la dificultad para migrar a México, la impenetrable burocracia, el periplo angustioso, las filas y trámites interminables por las que tiene que pasar un extranjero para regularizar su permanencia en el país. Esto sin contar las innumerables trabas para formalizar su estadía, desde costos y requisitos adicionales para poder alquilar un inmueble, ya no digamos adquirirlo (peor si está en los famosos 50 kilómetros de las playas), crear una empresa, abrir una cuenta bancaria, obtener un permiso de trabajo o hasta para estudiar. Lo viví en carne propia. Llegando a los 10 meses de nacido a México y nunca pude sacar mi cédula profesional.

México no entiende. Muchos estudios han documentado la importancia para el crecimiento económico de un país de la migración calificada y la atracción de talento. Sin embargo, México sigue cerrando las puertas al talento del mundo, aún con ejemplos tan claros como Estados Unidos, Canadá, Israel, Australia, Suiza, entre otros. Pero inclusive aquellos migrantes menos calificados, una actitud más proactiva y la promoción de inclusión económica y social de inmigrantes y refugiados puede generar un impulso importante y necesario en el país, particularmente en las economías de los estados fronterizos, según una publicación de #MásAperturaMenosBarreras.

Sumar a esta dificultad una actitud hostil con los turistas es un despropósito y una contradicción. Un país como México con vocación para el turismo no puede darse el lujo de tratar así a viajeros de diferentes partes del mundo. El turismo es una de las actividades más importantes para la economía mexicana, 9 de cada 100 pesos al PIB nacional y el empleo del 6% de los trabajadores remunerados. Siendo así ¿Cuál es el objetivo de formalizar ese trato con los visitantes?

Retomo las palabras de varios amigos y colegas aquí en Washington, DC: ¿Qué pasaría con los residentes legales mexicanos en Estados Unidos si recibieran el mismo trato que reciben los migrantes legales en México? ¿Qué pasaría con los turistas mexicanos en Estados Unidos con un trato similar? Les dejo a su imaginación.

Jacques Rogozinski


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