Debates y el mareo de la 'marea rosa'

Ciudad de México /
MOISÉS BUTZE

Para Claudia Shein-baum los tres debates constituyeron una aduana a sortear en la que tenía mucho que perder y poco que ganar. Como el puntero en una carrera de atletismo de obstáculos, sabedor de que su ventaja es definitiva a menos que sufra un tropiezo en las últimas vallas de la recta final. No sucedió.

No obstante, había nerviosismo en sus filas tras el segundo debate. En el primero de los tres encuentros había salido avante sin mayores problemas; los tres contendientes lucieron tensos en esa primera ocasión, pero Xóchitl Gálvez exhibió titubeos y disparidades que terminaron pasando factura. En el segundo se recuperó y, a mi juicio, tuvo la ventaja de que Claudia decidió enfrascarse en el tipo de pelea de dimes y diretes que más conviene a las características de la candidata del PRIAN. Si bien es cierto que el impacto en las encuestas de intención de voto fue irrelevante, sembró algunos temores de que el tercer debate fuese adverso para la morenista, habida cuenta de que en él habría de tratarse el tema de la inseguridad. Como se sabe, el flanco más vulnerable porque siembra miedo entre la población y se ha convertido en las últimas semanas en la principal munición de la artillería de la prensa de oposición. Por lo demás, el tercer debate coincidió con la marcha de la marea rosa en el Zócalo, un acto dedicado a apuntalar a Xóchitl Gálvez.

Sin embargo, la noche no fue favorable para la candidata opositora. Primero, porque no fue la misma de la ocasión anterior. Quizá terminó mareada por la marea rosa y le pasó factura la intensidad de la jornada. Se le vio menos preparada y cometió errores típicos del agotamiento: titubeos y dislates de género y conjugación. Obviamente no por ignorancia, pero sin duda por cansancio y nerviosismo. Su mirada estuvo desenfocada de la cámara la mayor parte del tiempo, absorta en la dirección de los zapatos de Javier Solórzano, tal vez confundida sobre el lente que debía seguir.

Segundo, en esta ocasión Claudia no se enganchó con la carretada de acusaciones de Xóchitl, con lo cual consiguió dos cosas. Una, se dio más tiempo para validar resultados del gobierno de la 4T, legitimar su experiencia en Ciudad de México y plantear propuestas sobre los temas del debate. Y dos, dejó a Xóchitl haciendo box de sombra al no caer en provocaciones porque, dijo, estaban allí para plantear propuestas y razones para pedir el voto de los ciudadanos y no para intercambiar insultos y calumnias. La prianista iba con la intención de hacer trastabillar a Claudia y al no conseguirlo terminó un tanto desdibujada, porque al final careció de tiempo para hacer propuestas articuladas o parecer mínimamente presidenciable.

Más que un saldo negativo, lo de Xóchitl es el desperdicio de una oportunidad. El problema con la andanada de acusaciones de todo tipo es que no sacó provecho a la agenda del día, que habría permitido concentrarse en el flanco vulnerable de la 4T, la polémica estrategia de seguridad de López Obrador.

Claudia se ajustó a premisas impecables y seguras. Si la mayoría de los mexicanos aprueba el desempeño de este gobierno, más allá de lo que opinen los comentaristas de televisión, resulta obvio que la estrategia más eficaz es presentarse como la candidata de una continuidad mejorada de lo que los ciudadanos ya están apoyando. Y fue justo lo que ella hizo.

En suma, en el tête à tête entre las dos candidatas, el saldo terminará sin mayor impacto en la intención de voto. Algo que en sí mismo es un triunfo para quien va adelante. Las dos se aseguraron el favor del apoyo de los conversos con el que ya contaban; insisto, no veo que un crítico de López Obrador vaya a votar por Claudia a raíz de lo que se dijo en los debates; pero tampoco veo motivos para que un simpatizante del movimiento migre al bando de Xóchitl. La disputa, en todo caso, tenía que ver con los indecisos y apolíticos quienes, por lo demás, son poco proclives a seguir estas transmisiones. Me pregunto si las actitudes provocadoras y rijosas de Xóchitl constituyen el mejor argumento para convencer a un ciudadano desafecto de la política.

Y luego está el factor Jorge Álvarez Máynez. Lo único que realmente cambia con estos tres debates es el relativo protagonismo que ha adquirido el tercer pasajero; alguien que apenas contaba hace dos meses. ¿Cuánto impacta? Lo sabremos mejor con la andanada de encuestas de los próximos días, por ahora su peso relativo se sitúa tentativamente entre 8 y 15 por ciento del voto.

Pésimas noticias para Xóchitl Gálvez. ¿Por qué? Mera aritmética: todo voto crítico del obradorismo que capte Máynez es uno menos para la candidata opositora. Si Claudia ostenta una intención de voto de 50 y tantos, por 30 y tantos de Xóchitl, es evidente que esta última necesita no solo quedarse con los indecisos, sino también con los más tibios del campo morenista. Álvarez Máynez es un torpedo en la línea de flotación de ese objetivo.

Se cuestiona lo anterior diciendo que en realidad Álvarez Máynez les ha quitado votos a ambas, particularmente entre los jóvenes. Pero incluso si eso es cierto, no es del todo adverso para Claudia. Sheinbaum debe evitar que un voto suyo emigre a Xóchitl porque tiene un efecto doble, lo que en futbol conocemos como partido de seis puntos. Supongamos que la diferencia entre ambas es de 20 puntos: si 10 pasan de Claudia a Xóchitl eso basta para que terminen empatadas. Pero si 10 pasan de Claudia a Máynez, la puntera sigue arriba de Xóchitl por 10 puntos. Eso no está sucediendo, pero sirve para ilustrar la manera en que, incluso en el peor escenario, el efecto Máynez opera en contra de Xóchitl. En una competencia binaria, el ganador está obligado a superar el 50 por ciento; cuando hay un tercer contendiente puede hacerlo con mucho menos. En 2006, Felipe Calderón fue declarado vencedor con apenas 35 por ciento de los votos; en 2012 Enrique Peña Nieto lo consiguió con 38 por ciento. Con casi 60 por ciento de intención de voto hoy, Claudia cuenta con un margen de casi 20 puntos para ganar con comodidad.

¿Eso convierte a Álvarez Máynez en palero como dicen algunos? Quienes lo afirman tendrían que rectificar en los próximos años. MC gobierna en Nuevo León y Jalisco, y si se acerca a un 15 por ciento en estos comicios sus bancadas serán decisivas en las votaciones del próximo sexenio. Eso y la siembra que está realizando entre los jóvenes hacen muy factible que consiga instalarse como la tercera vía entre dos fuerzas políticas dedicadas a erosionarse. No es una mala apuesta y mal harían en no tomarla, por más que moleste a algunos.

En 12 días sabremos el desenlace de una contienda en la que, definitivamente, los debates no cambiaron nada.


  • Jorge Zepeda Patterson
  • Escritor y Periodista, Columnista en Milenio Diario todos los martes y jueves con "Pensándolo bien" / Autor de Amos de Mexico, Los Corruptores, Milena, Muerte Contrarreloj
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