La utopía de un asesino serial

Vidas Ejemplares

José Luis Durán King

José Luis Durán King
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A finales de 1995, la policía belga detuvo a una banda dedicada al robo de vehículos, lo que condujo a la revisión —hasta en dos ocasiones— de una casa ubicada en la ciudad de Marcinelle, propiedad del hombre que lideraba la sociedad criminal.

Los agentes no encontraron nada en el inmueble, solo unas esposas, un espéculo (instrumento utilizado para mantener abiertas cavidades corporales), crema vaginal y cloroformo.

Nada raro para unos investigadores que sabían que el sospechoso no se dedicaba a la ginecología. Más extraño fue que los inspectores mantuvieran la calma después de escuchar gritos y llantos de niños, y que el propietario de la casa dijera que se trataba de menores jugando en la calle.

Julie Lejeune y Melissa Russo, ambas de ocho años, gritaron todo lo fuerte que pudieron, pero fue inútil: las autoridades se marcharon.

Cuatro meses después, los cadáveres de las niñas fueron inhumados clandestinamente a campo raso, como mucha gente entierra a sus mascotas.

Julie y Melissa fueron secuestradas el 24 de junio de 1995 por un individuo llamado Marc Dutroux, quien las encerró en el habitáculo de un sótano, donde fueron violadas, torturadas y grabadas para videos pornográficos.

Una vez que el raptor fue enviado a prisión por cuatro meses, las niñas quedaron a la deriva en su hambre. La esposa de Dutroux llegó a la propiedad, sabía que ahí languidecían Julie y Melissa, pero prefirió alimentar a los perros.

An Marchal, de 17 años, y Eefje Lambrecks, de 19 años, fueron secuestradas por Dutroux y su banda —que incluía a su esposa—, para después ser drogadas, violadas y asesinadas.

Sabine Dardenne, de 12 años, y Laetitia Delhez, de 14 años, sobrevivieron a la violencia de Dutroux, un asesino de oficio electricista.

Marc Dutroux señaló en su confesión que deseaba crear una “ciudad subterránea” de niños secuestrados, “donde reinara el bien, la armonía y la seguridad”.

En vez de eso fue condenado a cadena perpetua en confinamiento solitario, en una celda oscura de máxima seguridad, donde la luz se enciende cada siete minutos para confirmar el estado que guarda el preso.

La casa de los horrores de Dutroux será demolida y, en su lugar, se erigirá un memorial que llevará por nombre “Jardín entre la Tierra y el Cielo”.

José Luis Durán King


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