Propagandistas ricos, pueblo pobre

Ciudad de México /

Algunas preguntas han torturado al cartujo durante décadas: ¿Cuánto ganan los propagandistas del régimen?, ¿dónde viven?, ¿cómo viven? Como sucedía en los años dorados del neoliberalismo, también ahora sus servicios son bien retribuidos: con contratos, con préstamos “blandos”, con espacios en los medios públicos y privados, y entre tantas otras prebendas sus cuentas bancarias aumentan mientras dan rienda suelta a su vocación de pregoneros del gobernante en turno, renovando una y otra vez la vigencia de la célebre frase de César el Tlacuache Garizurieta: “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”.

Se alquilan para complacer: repiten las consignas de su cliente, exageran sus aciertos, se ceban en sus adversarios y miran a otro lado cuando suceden tragedias como la ocurrida en la construcción del Tren Maya con la tala de más de siete millones de árboles, según reconocen las propias autoridades. Es un ecocidio, pero no les importa. Tampoco les importa —cuando vivimos las consecuencias del cambio climático— la desaparición, por decreto presidencial, de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), lo cual, de acuerdo con el rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, “significará un retroceso en la capacidad del Estado para abordar los desafíos ambientales y adaptarse a las fluctuaciones políticas, poniendo en riesgo el gran valor del capital natural de México y que la toma de decisiones para el desarrollo sostenible del país se lleve a cabo de manera informada”.

Cuando piensa en la situación actual de los serviles de antaño y en los privilegios de los aduladores de ahora, el monje afianza la decisión de apartarse de ellos al recordar las palabras —citadas aquí en otro momento— de Alejandro Gómez Arias, quien le dijo a Víctor Díaz Arciniega: “Si encontrara y me detuviera en aciertos subrayables de un gobierno cualquiera, sentiría que no estoy cumpliendo con mi función. Eso no me interesa ni me ha interesado. Además, hay profesionales del elogio que lo hacen muy bien y con los que nunca voy a competir”. Tampoco el fraile competirá con ellos.

Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén. 

  • José Luis Martínez S.
  • Periodista y editor. Su libro más reciente es Herejías. Lecturas para tiempos difíciles (Madre Editorial, 2022). Publica su columna “El Santo Oficio” en Milenio todos los sábados.
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