Los que están mirando

La profesión que sirve

Juan Carlos Porras

En la ponencia La misión social del bibliotecario de Juan Manuel Pérez Ortega integrada en la Memoria del Quinto Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas se afirma que: “El bibliotecario tiene como cualidad la facilidad de palabra y gusto por aceptar a todos los que le rodean, además de ser sociable por vocación. No debe ser rencoroso y exagerado, aunque esto casi nunca sucede, pues siempre es paciente y sabe esperar la mejor ocasión para ayudar.

La conducta del bibliotecario social es como sigue:

• Le gusta luchar por sus metas.

• Predomina el anhelo de sobresalir.

• Posee una fuerte tendencia a la actividad constante con un fin determinado.

• Es tenaz, no se amedrenta fácilmente ante los obstáculos.

• Le agrada el cambio y la novedad, sobre todo si él es el motor.

• Quiere resultados más que planes.

• El ritmo de trabajo que se le imponga lo sostiene.

• Es constante y responsable.

• Tiene el gusto por la educación y el medio ambiente.

• Supera sus limitaciones.

• Debe tomar en cuenta a los que le rodean.

• Necesita aprender y tener coraje para resolver los problemas de la mejor manera posible.

• Sabe tratar adecuadamente a todos los usuarios, el conocimiento lo lleva a hacerlo.

Para influir en el usuario se debe usar el razonamiento, presentando la evidencia en forma lógica y ordenada, debemos ayudarle a tomar una decisión y a ser constante y sobre todo debemos darle afecto y confianza sinceros, ayudándole a tener firmeza y constancia, base del éxito”.

El resumen anterior nos lleva a pensar en la singular propuesta que, en ocasión del discurso inaugural en el Segundo Congreso Internacional de Bibliotecarios de la IFLA, en la Universidad de Madrid, el 20 de mayo de 1935, pronunció José Ortega y Gasset y sigue vigente. Allí nos previene, pero también acecha, sobre −no un ideal abstracto para intentar certificar el concepto de biblioteca y por ende de bibliotecario− la necesidad social de la profesión del bibliotecario: “Vuestra profesión sirve”, cita el venerable con razón. Es decir, más allá del margen del deber, la necesidad “no consiste en una magnitud fija, sino que es por esencia variable, migratoria, evolutiva.

En suma, histórica”.

Lo dice de buena gana también Jorge Luis Borges cuando nos invita, primero, a ordenar bibliotecas; luego a sentir esa felicidad peculiar de las viejas cosas queridas. O sea, los libros.

Pues bien, el bibliotecario tendrá que atender al libro como función viviente y al usuario como lector vigente ya que, en efecto, ejerce una profesión que sirve. 

Juan Carlos Porras*

* POETA LEONÉS. EDITOR FUNDADOR DE GRUPO OCHOCIENTOS Y ACTUAL DIRECTOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS LITERARIOS DE LEÓN (CIEL-LEÓN)

OPINIONES MÁS VISTAS