Los que están mirando

Lo que son estos lo fueron aquellos

Juan Carlos Porras

Si pudiéramos encuadernarlos diarios contemporáneos de la Cultura y las Artes de León habría cincuenta partes de esperanza vana, cuarenta y siete partes de profecías falsas y tres partes de verdad.

Quiero decir, entre las dos primeras partes aparece la docta barbarie. Sólo pensemos en los más de veinte años del Instituto Cultural de León (ICL) como organismo descentralizado del Municipio quien sigue sin generar un Plan de Desarrollo Cultural para la ciudad. Porque más allá de los números oficiales reportados por todas sus administraciones, la institución cultural sólo hace eventos para la población sin tener un Plan de trabajo: cumple por cumplir. O, dicho de otra manera: “Lo que son estos lo fueron aquellos también”.

No cuentan para su numeralia informativa de gobierno los usuarios leoneses de las bibliotecas públicas como tampoco los del Programa Nacional de Salas de Lectura (PNSL) ahora reconfigurado hacia la instalación de la microlibrerías del FCE. Atrás quedaron los sendos proyectos de lectura, desde la Feria Nacional del Libro, que son un instrumento básico para lograr una vida más completa como hicimos hace unos días con el Salón del Libro, Guanajuato 2021.

Entonces, no hay apelación a la nueva gobernanza con la Ley de Cultura y Derechos Culturales (LCDC) como tampoco hacia la Ley de Cultura para el Estado de Guanajuato (LCG) que dotan de las condiciones legales, en efecto, pero también dan el marcaje de por dónde debemos ir todos los interesados: funcionarios, artistas, promotores culturales y maestros. Sin perder de vista al pueblo que desea ejercer sus derechos culturales fundamentales.

Por eso conviene atender las señales de lo mal que estamos en materia de cultura y artes (hablamos de planes, procesos y procedimientos) y lo anquilosado en que están organismos paralelos como, el ya citado ICL (23 años) y la Red de Bibliotecas Públicas (39 años); además del Archivo Histórico (AHML, 73 años); el Museo Arqueológico (39 años); el Museo de la Ciudad (con sus dos sedes, 34 y 7 años respectivamente); el Museo de las Identidades Leonesas (MIL, 7 años) este último con escaso proyecto y recursos, sin centro de documentación, con espacios subutilizados y con miras a desaparecer para convertirlo en una gran galería de arte contemporáneo según sabemos.

Falta, a quien le toca administrar de manera pública saber leer con precisión el libro de la ciudad para que sepa construir el aquí y el ahora desde la Cultura y las Artes. Y sobre todo para que pueda proyectar mejor a León hacia el futuro inmediato si es que quiere identificar el postulado de Oscar Wilde sobre “lo que hay que leer o no leer”. Pero como bien dijo Lichtenberg: “Un libro es un espejo; si un mono se mira en él, no puede reflejarse un apóstol”. 

Juan Carlos Porras

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