Los que están mirando

Oficio de rastreador

Juan Carlos Porras

Un cronista es un rastreador que hurga en el ser cultural de la Nación. De manera específica atiende una región donde le toca vivir y por ello nos explica su desarrollo cultural y social dentro del engranaje de la historia universal (Wigberto Jiménez Moreno, dixit). Lo hace a través de una conferencia magistral, un seminario, o bien una publicación donde compara y profundiza su estudio. La serie de aproximaciones que tiene por su obra nos ayudan a crear puentes culturales que contribuyen sin duda a la movilidad cultural que necesitamos.

En su Teoría de la microhistoria (1973) Luis González y González menciona que, desde la aceptación de Nietzsche vía las tres funciones de Clío, “esa triple función ha procreado tres historias: anticuaria, monumental y crítica”. A la primera la considera como la Cenicienta del cuento. Fluye de manantial humilde; se origina en el corazón y en el instinto.

Es la versión popular de la historia, obra de aficionados de tiempo parcial. Líneas más adelante apunta el sagaz historiador: “No sirve para hacer, sino para restaurar el ser. No construye, instruye. Le falta el instinto adivinatorio.

No ayuda a prever; simplemente a ver. Su manifestación más espontánea es la historia pueblerina o microhistoria o historia parroquial o historia matria”.

Tal pensamiento, insisto, lo ampara con Nietzsche quien asegura: “La historia anticuaria sólo tiende a conservar la vida; no a engendrar otra nueva”. De tal forma que el autor de Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia (1968) propaga esa idea y la extiende al mencionar que: “Casi siempre el cronista de pueblos y ciudades pequeñas es un anticuario asido a su tradición, deseoso de mantener en el recuerdo, que no necesariamente en la vida, lo que no tiene futuro por pequeño, restringido, envejecido y en trance de caer hecho polvo”.

Por ello a los integrantes del gremio de cronistas los califica como: los no vocados, los ociosos, los pobres, los desconocidos, los meros repetidores de un oficio más viejo que el atole blanco, dueño de temática propia, de un método peculiar y de un círculo de lectores. Nada que ver con la consideración de Miguel León-Portilla quien menciona que “para conocer lo humano, lo ajeno y lo propio, con todos sus logros, fracasos, angustias y esperanzas, nada hay más atrayente que el ancho campo de la historia y la antropología culturales”. De lo anterior deriva que un buen cronista investiga, escudriña, tantea, tropieza y hace surgir el oficio de rastreador. Buenos ejemplos los tenemos con la publicación de los libros León durante la guerra de Independencia e Insurgentes ejecutados en León de Rodolfo Herrera Pérez y La calle donde vives. La historia de México en las calles de Romita de Josué Bedia Estrada donde revelan vestigios, aspectos, significaciones del ser cultural nuestro. 

Juan Carlos Porras

POETA LEONÉS. EDITOR FUNDADOR DE GRUPO OCHOCIENTOS Y ACTUAL DIRECTOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN Y ESTUDIOS LITERARIOS DE LEÓN.

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