Los que están mirando

Rulfo redactó su Quijote

Juan Carlos Porras

Lo primero que hay que hacer, para leer este nuevo Quijote, es desenfadarse.

Quitar de encima la pereza y adentrarse al claroscuro del alma en el llano.

Luego, embozarse bajo los pliegues de la gracia literaria. Después, en el momento crucial de la historia, urdir ciertos enredos para encontrar el habla que produce la nación –hablo de Comala y sus alrededores, por ejemplo– donde se verá el tiempo nuevo.

Más tarde identificar los anhelos artísticos que vendrán para mostrar cómo el Sur es el Ser que anuncia el cielo lleno de luz en este Bajío. O sea: los otros murmullos: Poderoso caballero es don Dinero (Quevedo);Hamlet (Shakespeare); Nueva Atlántida (Bacon); De jure belli ac pacis (Grotius); Diálogos acerca de dos nuevas ciencias (Galileo); Novelas ejemplares y la segunda parte del Quijote (Cervantes). Es decir, lo anterior buscado de manera deliberada, nos lleva a equilibrar, más bien a precisar que Juan Rulfo tiene –en sus pariguales de hace siglos– la pasión por el estudio.

Este tipo de humanista es el que produce esperanza en el habla española ya que si se avoca uno a esta metodología estamos seguros que tendremos muchos juros de por vida. Aunque, en este Siglo XXI lo dijo bien Nicanor Parra: “El español es una lengua muerta/ moribunda en el mejor de los quesos/ es x eso que Rulfo redactó su Quijote/ en el habla del siglo XVI//”.

Luego partamos de cero. O sea que cada lector se arriesgue a pensar alto, sentir hondo, hablar claro y también a actuar. O como bien contara CideHameteBenengeli: “En un lugar de la Mancha...”. Ocho sílabas que muestran que la poesía, en verso popular, no es menor. Y por ende contagia a unos y otros (incluyendo a los envidioses) del lenguaje inclusivo.

Aquí dirán algunos que la gente ya no habla en verso. Y tienen razón. Como tampoco usan la palabra total para registrar su paso por el tiempo. El Ser está diluido. No está fundado más en la palabra.

Un porcentaje pequeñísimo de población sigue la premisa de aquel gran pensador inglés: “La verdadera Universidad hoy día son los libros”. Somos pocos es verdad los ejecutantes de la lectura y de algún método vertido en los libros.

Lo anterior también lo avalan las palabras de Gracián: “Sólo el que vive sabe”. Porque una mayoría aplastante de gente no vive. Sólo deambula por la convención de la vida en esta nueva normalidad. Y, de manera anónima, Juan Rulfo vive dentro de una cultura de palabras a través de su obra orgánica quijotesca.

De allí su trascendencia para con el universo de lectores de libros. Porque él no tenía por consigna llenar hojas de papel sino escribir lo que vio en aquel lugar de la Mancha llamado Comala... 

JuanCarlos Porras

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