Su final, en su principio

  • Imán y Limadura
  • Luis Miguel Aguilar

Ciudad de México /

Un amigo me avisó: en Film & Arts transmitían Buster Keaton, el genio destruido por Hollywood. Muy buena película aunque esperaba otro final. Mejor dicho: para mí toda vida o semblanza de Buster Keaton sólo puede tener un final. Fui entonces al pasado en busca de ese final.

Fui, es decir, a mi librero por Film (Tusquets, 1975; 2a. ed. 1985), la única obra de Samuel Beckett para el cine. Se rodó en Nueva York (1964), dirigida por Beckett con la operación técnica de Alan Schneider. Estuvo a punto de no filmarse por falta del actor principal hasta que a Beckett se le ocurrió preguntar si Buster Keaton estaría disponible y, sorpresa, lo estaba.

Film se divide “en tres partes. 1. La calle (unos 8 minutos). 2. Las escaleras (unos 5 minutos). 3. El cuarto (unos 17 minutos). La película transcurre en absoluto silencio excepto por un ‘¡sssh!’ en la primera parte. El ambiente de la película es cómico e irreal”. Qué cosa: el guión de Beckett como si cantado para que Keaton cerca de su muerte volviera al cine mudo y su papel solitario en Film quedara como su epitafio. O mucho más.

En el guión Beckett se refiere a algo “sin relevancia en la película y que no necesita aclararse”: el cuarto a donde entra el personaje de Keaton “es el cuarto de su madre a la que él no ha visitado en muchos años y al que ahora ocupará… hasta que ella salga del hospital”. Keaton no supo esto pero lo de “el cuarto de la madre” lo concernía a fondo. Dice el traductor Jenaro Talens que un tema común a Beckett y Keaton es el hombre arrojado con violencia desde algún lugar, y la casa a la que sólo desea volver.

La madre de Keaton reveló que en Kansas, con poco más de tres años, “Buster fue literalmente arrancado de su cuarto por un ciclón que lo llevó por los aires a través de una ventana del primer piso”. Por eso, digo, todo final de Keaton está en su principio: el ciclón que lo arrebata y la madre que lo encuentra luego a salvo, sentadito en la calle a varias manzanas de distancia, y lo regresa a casa.

Luis Miguel Aguilar

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