Catarata

La IP y el camión

Luis Petersen Farah

Con todas sus siglas, la iniciativa privada de Nuevo León tronó ante las deficiencias del transporte público en la zona metropolitana. Ayer, Caintra, Canaco, Coparmex y Consejo Cívico se dirigieron al gobernador en estos términos: “Instamos al Ejecutivo a tomar las decisiones que reviertan la situación actual de este servicio esencial para la calidad de vida de los trabajadores y sus familias”.

Instar significa insistir, pugnar, urgir, apremiar, apurar, exhortar e incluso suplicar y rogar. En sus respectivas cartas al gobernador, los organismos hablaron de una honda preocupación y de retrocesos importantes en el sistema de transporte que debería ser uno de los temas prioritarios.

Urgieron a tomar decisiones “profundas e inmediatas” para lograr un servicio de acuerdo a lo que necesita la ciudad: “calidad, seguridad, eficiencia y suficiencia (frecuencia, cobertura y cantidad de unidades en servicio)”. Piden rediseñar rutas, integrar los distintos sistemas y medios de transporte, adoptar las tecnologías de pago y una movilidad amigable con el medio ambiente.

Qué bueno. Es penoso que los usuarios no hayan tenido el poder de hacerse oír y entender. Pero si no ha podido ser así, es importante que los empleadores lo hagan valer. Las consecuencias del desorden ya han llegado al borde de una crisis: retrasos, aglomeraciones indignas, pérdida de tiempo laboral y de esparcimiento, siempre en contra de la calidad de vida.

Sin embargo, las cartas de los organismos al gobernador no hablan del espinoso tema de tarifas. Uno se pregunta si ese silencio significa que las empresas están dispuestas a ayudar a sus trabajadores a solventar el costo que conllevan los cambios exigidos.

Por otro lado, ojo, ese transporte público de calidad, “de acuerdo al nivel de la segunda ciudad más importante” del país no debería ser solo para trabajadores y sus familias... debería ser más rápido, confiable, tecnológico, divertido y generador de calidad de vida que el automóvil: ése sí se debería quedar en casa. ¿O qué gran ciudad queremos?

luis.petersen@milenio.com

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