Para Reflexionar

Admiración

Luis Rey Delgado García

Las personas estamos llamadas a interpelar la realidad que nos rodea; pero sin admiración, la vida se convierte en algo anodino, termina perdiendo sentido.

No es la vida quien enseña, lo que realmente enseña es la lectura que nosotros hagamos de ella. 

No es suficiente ver las cosas, es necesario “mirarlas bien” para descubrir lo nuevo que llevan consigo, y se necesita tener alma joven y sensibilidad cultivada para mantener el espíritu receptivo a esas novedades y matices con que la realidad nos sorprende.

También es importante aprender a admirar a las personas. 

No se trata de confundir admiración con ingenuidad, ni tener una visión bobalicona de la vida. Se trata de ver “con buenos ojos” a la gente. 

Si logramos fijarnos más en los aspectos positivos de cada persona, tendremos oportunidad de admirarlas, y con ello, les haremos y nos haremos mucho bien.

Un obstáculo es la costumbre, que incapacita para ver en otra persona cualquier cosa que no sea lo ya sabido: se adivinan las contestaciones, se presupone determinada actitud, se dan por supuesto ciertos comportamientos, no se contempla la posibilidad de que el otro cambie y actúe de forma distinta a la prevista, no se da ninguna posibilidad de cambio.

Otro obstáculo importante es infravalorar a las personas; o anteponer sus hechos pasados a los presentes, y tener más en cuenta lo que era que lo que es; o fijarnos y recordar más los aspectos negativos que los positivos.

La rutina es el gran obstáculo. Sólo quien es joven de espíritu ganará la batalla al cansancio de la vida. 

Hay que cuidarse del desencanto, la costumbre y la rutina. 

La vida en algunas ocasiones se nos manifiesta alegre y divertida, pero en otras hemos de ser nosotros, con nuestros recursos interiores, quienes tenemos que dar un sentido positivo a lo que en un primer momento no lo tiene.

Quien es capaz de iniciar cada día con una visión nueva, consigue hacer realidad el milagro de sorprenderse ante cosas que le son muy familiares, pero no por eso dejan de manifestarse como recién estrenadas. 

Con demasiada facilidad damos por supuestas las cosas, y tendría que ser al revés: no dejar de preguntarnos por nuestro mundo cotidiano. 

La vida podría estar atravesada por ojos que sepan descubrir en lo que ya es conocido la novedad que conllevan.

Habrá que empezar por ser agradecidos de la propia vida. Quien sonríe a la vida, la vida termina sonriéndole. 

La felicidad no está en disfrutar de situaciones especiales, sino en la buena disposición de ánimo. Está en nuestro interior la clave. 

Desde la capacidad de admiración podremos construir una nueva manera, más viable, armónica y feliz, de ser y de estar en el mundo.


luisrey1@prodigy.net.mx

OPINIONES MÁS VISTAS