Las semanas recientes se han ventilado diferentes hechos, discursos y sucesos, los cuales no dejan descansar a la república. De la muerte de dos investigadores estadunidenses en Chihuahua, hasta la visita nada cordial de políticos “gringos” para repetir que para ellos los narcos son terroristas y por tanto tienen derecho de exterminarlos, independiente del piso que pisan tales narcos.
Antes fueron los aranceles, luego Maduro secuestrado, y le tocó el turno a “El Mayo” Zambada. Y pues el preciso lugar llamado Sinaloa se declaró por el gobierno mexicano como lugar limpio de narcotraficantes, al tiempo que descubrían y desmantelaban laboratorios y redes de distribución. Los de USA pidieron el arresto con fines de extradición y los mexicanos nos decidimos a llamar por su nombre a un grupo de diez personas como posibles negociadores ilícitos con dinero ilícito también.
Lo sorprendente fue encontrar en esa lista al gobernador de Sinaloa, quien dedicado a las aventuras ya llenaba un libro de “cuentos” muy abultado. El don sinaloense entró de golpe a la lista de cavernosos terrícolas. Y todo sucede en un incremento de alto porcentaje de persecuciones, arrestos, cancelación de fondos, y desapariciones del alcance público. Otros fueron arrestados y otros ligados a plataformas que los declaran posibles “lavadores” de dinero.
Y en esas al gober de Sinaloa se le ocurre desaparecer, pues lo persiguen sin fundamento y para hacer como si supieran. Al mismo tiempo la presidencia resbala, se tambalea pero no se cae… y está cerca. La política de seguridad está enredada en sí misma y ya no sabemos si llorar o reír.
Entretanto en las aguas del Mediterráneo a los israelitas se les antoja detener un barco con ciudadanos de varios países para ayudar a mejorar la situación de niños, mujeres y familias de los territorios bombardeados sin ninguna precaución por evitar daños a inocentes. Los militares israelíes detienen el barco, obligan a bajar a los grupos de ayuda y sí… los encarcelan y los maltratan como si fueran enemigos y además antijudíos. Resultados: vejaciones, daños psíquicos, amarrados de pies y manos, golpeados a la menor queja y demanda hasta de agua. Situación perfecta para probar que los militares israelíes efectivamente no conocen la Torá ni por encima. El gobierno mexicano ¿qué? ¿cómo? ¿mexicanos? ¿golpes?... oh! Sí “preguntaremos.”
Desorden en Palacio y anexas. Eso sí visitas norteamericanas, caras adustas, declaraciones antidemocráticas y posturas medievales. Todo en la cordialidad de tratar bien a los visitantes para que regresen. Ceder a la petición de extradición sin evidencias incontrovertibles, además exigidas en la ley, es ceder por ceder y dejar a un lado hasta los mínimos protocolos. Tampoco se trata de dar brincos porque les dijimos en su cara que se portaran bien. Pero… porque no les dijimos lo mismo a los militares que apalearon mexicanos, porque se les hinchó el patriotismo. En fin, aquello de una de cal y otra de arena.
Otra arenosa de la ocupante de Palacio, es no intervenir en los excesos de grupos morenistas contra la gobernadora de Chihuahua. Si la gobernadora lo hizo mal vayan con la autoridad pertinente al caso y demanden el respeto debido según las leyes. Y no, como soldados israelitas, narcos enojados, bandidos armados … se le echan encima y consideran necesario ganar un pleito callejero para ellos ocupar la silla de la actual gobernadora.
Estos hechos y otros, los cuales no caben aquí por ahora, muestran la infancia política de muchas de las organizaciones políticas mexicanas. ¿Sirven los discursos encendidos para defender ideas abstractas? Sirven para evitar, veamos y hablemos los mexicanos de la política de los hechos, de las verdades políticas sostenidas desde organizaciones de la sociedad civil, pues las organizaciones políticas las olvidan en los hechos. ¿Volveremos a ganar la legalidad en la calle porque en los sitios institucionales no pasan? Espero no sea así.