¿Para cuándo las promesas?

Columna de Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada

Miguel Bazdresch Parada
Guadalajara /

Cada cambio de gobierno, el nuevo grupo, no obstante, la agrupación política que ostente promete subsanar las diversas carencias de la población, impugna los métodos del gobierno anterior y afirma que “ahora sí” se resolverá, la pobreza, la inseguridad y la corrupción, nuestros tres caballos de Troya mexicanos y de muchos otros países. El gobierno en turno armó su narrativa con base en la promesa de una transformación, no sólo un cambio.

Con un discurso o con otro, más o menos agresivo, más o menos populachero, más o menos lógico las medidas de los últimos treinta y cuatro años no han roto el armazón económico – político que sostiene un sistema, ciertamente complejo, difícil de hacer realidad y si se diera el caso, quien sabe si lograría los fines propuestos. La base de todo sistema es la producción, es decir obtener lo necesario para vivir, esto es: comer, habitar, proteger la salud, educar (es decir entender el mundo y entenderse uno mismo) y disponer de energía para rebajar la carga física del trabajo. Además, obvio, es necesario gobernar, es decir establecer y hacer funcionar con eficiencia todo el aparato productivo de esos bienes indispensables.

En México tenemos productores, sin embargo, no todos reciben los bienes producidos. ¿Porqué?

Porque, por ejemplo, un campesino, siembra x alimento, lo vende al “introductor” que a su vez lo vende al “locatario” quien a su vez lo vende al comprador no campesino para su uso y disfrute. El campesino obtiene apenas un poco más de lo necesario para volver a sembrar y para vestirse y mantener su vivienda. Y así, depende del gobierno para recibir esos otros satisfactores que no puede comprar con el efectivo fruto de su trabajo: educación, salud, seguridad, energía.

 El gobierno se hace cargo, cobra impuestos a toda la población y de ahí ofrece educación, caminos, aparatos de justicia, de leyes, de seguridad, etc., y, sin embargo, nunca alcanza para que todos los mexicanos reciban esos bienes necesarios. Los gobiernos quedan a “deber”.

Así, el diseño no funciona: Trabajadores “informales”, jóvenes no educados, salud sin cobertura, leyes inaplicables, inseguridad rampante. Menos impuestos, escuelas, centros de salud y policías.

La transformación debe esperar. ¿Otro cambio político? ¿Cambio de armazón económico? ¿Otro supuesto societal: ¿Buen vivir y transformar desde “abajo”? Al tiempo.

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