Claudia, queremos verte…ya

Jalisco /

A Claudia Sheinbaum, pensamos muchos, no la hemos conocido plenamente. La mujer que gobernará México en los siguientes seis años, llega a la máxima magistratura con un apabullante respaldo popular. Claro, esto no fue casual, seguramente tuvo muchas cosas en su favor, aunque, necesario es decirlo, es muy posible que la comparación de candidatas así como su propio discurso igual haya convencido a grandes mayorías. Sin embargo, hoy la cuestión es saber hasta dónde podemos ver en ella a la presidenta y no a la candidata y, por otra parte, descubrir si fue hecha verdaderamente para conducir los destinos de la nación.

Esto último, en realidad, no lo hemos visto cabalmente. La razón es que por la coyuntura de unos meses hasta que el relevo oficial se dé en la presidencia, el actual mandatario parece seguir actuando como el que dirige los pasos a seguir e incluso hasta acelera procesos una vez que cuenta -hasta cierto punto-, con la garantía que le ofrecerá en tan solo treinta días, una obediente Legislatura sobre la que dejará sembrados en las Constitución varios de sus proyectos transformadores. Y sabemos bien que no está nada lejos de conseguirlo ya que los ciudadanos le ofrecieron todo el paquete anhelado. Quizá ni él mismo soñó con semejante regalo de fin de sexenio, así que más pronto que tarde, se alista para disfrutar a su manera varios festines, como si esto fuera un circo romano donde los que se encuentran en la arena -la minoría opositora- puedan indefensos ser destazados por los leones.

En el “ínter” de los dos gobiernos, aún no sabemos qué tan sincera es la que será quien gobierne a nuestro país, al seguir acompañando a su mentor y forjador en sus distintas giras que, según dice, serán como una verdadera “entrega-recepción”. A Claudia sólo por unas horas la vimos asomar como quien tiene intención de ser más consciente y hasta conciliadora. Habló de una toma de opiniones y criterios por parte de especialistas y abogados ante la pretendida modificación constitucional que exigirá la disolución de la actual estructura del Poder Judicial para dar cabida a la elección popular de jueces, magistrados y ministros. Desde luego, bajo normas de propuestas que emanarán supuestamente de los tres poderes, de los que ya están cooptados dos y que, además, así se definirá a los “candidatos” que nadie duda serán escogidos a modo. Las corcholatas del Judicial, pues.

En una comida cambió y, para darle una especie de significado de consenso ciudadano, Sheinbaum misma anunció una “encuesta” tipo fast track de fin de semana en las que los supuestos entrevistados opinaron en un 80 por ciento que había que reformar al Judicial y se proclamaron proclives a la elección de sus integrantes. Fue algo tan rápido y artificioso como aquella en la que los habitantes de Macuspana se manifestaron en aquella “encuesta” sobre la cancelación del nuevo aeropuerto de la ciudad de México. Además, ¿es correcto que un partido organice estas encuestas, aunque sean simuladas, para que sea tomada una decisión de estado que afecta a todos los mexicanos? Y otra interrogante, ¿necesitaría Sheinbaum una encuesta cuando ya cuenta con la entrega de poder que le dieron seis de cada diez mexicanos?

Tal vez acontezca que la presidenta electa no ha asumido todavía el rol que debe jugar en su sexenio. Dicho sea de otra manera, hace falta necesariamente verla emancipada de su partido ya que gobernará por ley a todos, sin distingos de ninguna clase, así como también necesita irse emancipando del actual presidente, para que, incluso con la mira de la continuidad y el famoso “segundo piso” de la transformación (que quién sabe en qué consistirá), vaya tomando forma su propia identidad y una personalidad propia. Estamos conscientes de lo legítimo de un poder que se logra con tan excepcional apoyo ciudadano, pero no se podrá vislumbrar un rumbo mientras desde Palacio Nacional se sigan marcando líneas y estableciendo derroteros. Ya los mercados han reaccionado y quizá vengan otros problemas que no han sido vislumbrados, como los relativos a la inversión extranjera, etcétera. Ya no es posible ver que un presidente, que insiste en que se irá a su rancho y no volverá a tener injerencia alguna en el gobierno, aproveche la circunstancia y haga ver mal a la nueva presidenta como la seguidora fiel y obediente del periodo preelectoral.

Si los mexicanos en su mayoría le dieron, ahora sí, el único bastón de auténtico mando, es hora que Sheinbaum, con las cortesías y muestras leales que quiera, vaya tomando su verdadero perfil como inminente gobernante. Tiene en el Congreso un aliado, pero eso no es igual a una patente de corso. Es ella la que debe señalar ahora el rumbo, a riesgo de ser considerada simple personera. La lealtad, bien entendida, no implica una sumisión, puesto que eso sería igual a un gobierno que se reelige. Así de sencillo.

Por ello, Claudia, destíñete del guinda o de cualquier color, porta bien la banda que a todos nos representa y déjanos verte ya cumpliendo con tu papel que no es otro que el de servir a todos los mexicanos.


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