Columna de Miguel Zárate Hernández

Políticos carroñeros

Miguel Zárate Hernández

Habría que recomendar a Andrés Manuel López Obrador la receta que tanto dio: tomar una buena dosis de “pasiflorine”. No hemos visto calma en él en los últimos días sino lo contrario, solamente enojo, ira en ocasiones, violentos reclamos ante lo que considera “prensa envilecida”, furiosa arremetida contra organizaciones civiles a las que repudia, como la de Mexicanos contra la Corrupción, señalamientos insistentes de violación a las normas electorales como la oferta de las “tarjetas rosas” de un candidato en Nuevo León. Arremetidas casi diarias a sus más rechazados periodistas y sus mismos medios, y hasta fuerte reclamo a los que han visto en el trágico accidente de la llamada “línea dorada” del Metro, ocasión para recordar a los actores que la realizaron y a los que, ahora, debieron darle mantenimiento. La presunción de responsables de antes y de ahora es, para AMLO, la peor de las actitudes carroñeras, tratándose de una obra que se gestó y se maneja como uno de los emblemas de los sucesivos regímenes afines a él en la ciudad de México. Y, por si fuera poco, ahora resulta que quien busca por doquier verse apapachado por multitudes, se ha convertido de pronto en el “enemigo de las fotos” para no ir (lo más normal, necesario, incluso motivador) para, de primera mano a observar los destrozos y daños del siniestro. “Al carajo”, dijo simplemente.

Sin embargo, nuevamente se advierte un amanecer amargo casi cotidiano en la mente del presidente. La razón de fondo está en su cada vez más evidente preocupación por los que sucederá el 6 de junio, ya en menos de un mes. Las estrellas no se le han alineado en la forma esperada y aunque parece un hecho que Morena todavía triunfará en muchos frentes, también perderá espacios que pudieran serle vitales y, en un momento dado, quedar en una mayoría marginal que no le garantizaría la continuidad de muchas de sus políticas y programas. O sea, peligra su “cuarta” transformación y él más que nadie lo sabe. Sus “adversarios” no disminuyen, se multiplican. El ejemplo es el de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad que, pese a lo que el presidente diga, no es un organismo “golpista” ni de orden político, aunque sus efectos en este campo sean tremendos. ¿Habrá olvidado que esta ONG fue la que arrinconó al gobierno de Peña Nieto con temas como los saqueos de los exgobernadores Javier Duarte y Roberto Borge, que destapó la llamada “estafa maestra”, que investigó lo del caso Odebrecht y muchos más? También desconoce que efectivamente hay fondos internacionales (incluidos efectivamente los de origen norteamericano a través del USAID, la Fundación Ford, etc.) para esta y muchas más organizaciones de la sociedad civil en el mundo (OSC) y que incluso MCCI ha obtenido reconocimientos mundiales por su tarea.

Esta organización, sin embargo, hoy cuestiona el actuar del gobierno federal en muchos aspectos y sus investigadores se convierten en lo más incómodo, como lo fueron para el régimen anterior y lo serán para los siguientes. Es su función y esta tarea no es desconocida para los jaliscienses ya que fueron los de MCCI los que pusieron en la palestra que un solo individuo, actualmente candidato de Morena a la alcaldía de Guadalajara, desde 2012 (época “neoliberal”) hasta al menos 2019 (ya de la 4T), acumuló contratos públicos por 2,200 millones de pesos. Está claro, pues, que de un gobierno a otro las críticas son siempre molestas y lo que cambia es la forma de dar respuesta a ellas.

De algo hay que darse cuenta: cada vez se revela la profunda angustia hacia el interior del gobierno federal, del presidente y de su partido, por no alcanzar las metas electorales propuestas. Jalisco no está exento de sus efectos. Aquí las cosas tampoco marchan del todo bien para ellos y hasta afloran los enfrentamientos internos. No hay otra explicación para el “cese” del delegado estatal del CEN de Morena, el senador Narro Céspedes, que la lucha de poder entre sus dirigentes por el pretendido botín estatal. Se pretende a toda costa el encumbramiento de la señora Polevnsky para fortalecer a su prospecto eterno Carlos Lomelí (del que ya hablábamos) ante los propios (por ejemplo, contra Alberto Uribe) y, desde luego, ante los contrincantes.

¿Será esto un ejemplo de la política carroñera a la que se refieren el presidente y los morenistas? Porque ir al encuentro de las responsabilidades de una tragedia y que causó más de dos docenas de muertes como la de la Línea 12, orgullo del Metro en México y de sus gobiernos, no tiene nada de carroñero. Pero, como en los tiempos de los históricos reinos absolutistas, nada es igual, nada, si se contempla atrás de los muros desde Palacio.

miguel.zarateh@hotmail.com

Twitter: @MiguelZarateH

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